Son 81 años los que han pasado desde que el Ejército Soviético entró en Auschwitz y liberó el campo de concentración donde había alrededor de siete mil personas privadas de su libertad, torturadas y debilitadas por el hambre.
Iván Martinushkin era teniente del Ejército Rojo y tenía 21 años cuando entró en Auschwitz.
“Era difícil mirarlos. Vi la alegría en sus ojos; se dieron cuenta de que ya eran libres. En su mirada, pudimos percibir su gratitud hacia nosotros”, compartió Iván Martinushkin.
Martynushkin recuerda que una de las primeras cosas que sintió al llegar al campo de concentración fue el olor de los cuerpos quemados en las cámaras de gas.
Además, las imágenes de los prisioneros y prisioneras debilitados por el hambre. El ejército alemán había huido del lugar unos días antes de la llegada de los soviéticos, dejando atrás únicamente a los prisioneros que no pudieron caminar.
En los campos de concentración no sólo había judíos, aunque éstos eran la mayoría, también había gitanos, comunistas y personas de la diversidad sexual.
“Desconocíamos la existencia de tales campos. Nuestros comandantes probablemente tampoco sabían mucho al respecto. Probablemente sólo lo sabían los altos mandos, a través de inteligencia y otros servicios”, comentó Martinushkin.
Como cada año, familiares de sobrevivientes del campo y personas comprometidas con preservar la memoria, realizaron un sentido homenaje a las víctimas del genocidio alemán.
En un mundo con cada vez más conflictos, la memoria nos ancla a los errores del pasado que no deben repetirse.