El Banco Mundial (BM) advirtió que los precios de la energía aumentarán 24% este año a nivel global, alcanzando su nivel más alto desde la invasión rusa a Ucrania en 2022, debido a la crisis en Asia occidental y las afectaciones al mercado petrolero internacional.
De acuerdo con el informe Commodity Markets Outlook, el encarecimiento de la energía provocará un aumento de 16% en los precios generales de productos básicos, presionando la inflación y desacelerando el crecimiento económico, especialmente en países en desarrollo.
Global commodity prices are forecast to rise 16% in 2026, driven by a war-triggered energy shock, soaring fertilizer prices, and record-high metals prices.
— World Bank Group (@WorldBankGroup) April 28, 2026
The #CMO2026 shows the ripple effects have serious implications for job creation & development. https://t.co/esztNZxxLm pic.twitter.com/Wysv7ADaXY
Petróleo, alimentos y fertilizantes, los más afectados
El organismo explicó que los ataques a infraestructura energética y las interrupciones en el transporte marítimo en el Estrecho de Ormuz —por donde pasa cerca del 35% del comercio mundial de petróleo transportado por mar— provocaron una fuerte reducción en el suministro global de crudo.
El petróleo Brent, que en 2025 promedió 69 dólares por barril, podría alcanzar este año los 86 dólares, aunque en un escenario más severo llegaría hasta los 115 dólares por barril.
Además, el informe también prevé que los fertilizantes subirán 31%, impulsados por un incremento de 60% en el precio de la urea, situación que podría afectar la producción agrícola y encarecer aún más los alimentos.

¿A quiénes impatará más?
Más allá de la energía, el Banco Mundial también estima que, en 2026, la inflación promedio en economías en desarrollo alcanzará 5.1%, por encima del 4.7% registrado el año pasado.
“Las personas más pobres, que gastan la mayor parte de sus ingresos en alimentos y combustibles, serán las más perjudicadas”, señaló Indermit Gill, economista en jefe del organismo.
Además, el crecimiento económico de los países en desarrollo se reduciría a 3.6%, mientras que millones de personas podrían enfrentar inseguridad alimentaria si el conflicto se prolonga.