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Perdón y violencia: no juzgar a las víctimas

El perdón otorgado a un agresor en un caso de violencia de género no significa debilidad de la denunciante.

La decisión de María Felicia Jiménez de otorgar el perdón a Víctor R., exdirector de Petróleos Mexicanos (Pemex), genera una intensa conversación pública. 

Sin embargo, especialistas en violencia de género advierten que retirar una denuncia o conceder el perdón a un agresor no implica necesariamente que la violencia no exista ni que la víctima haya actuado libre de miedo o de presión.

En este caso, la autoridad judicial precisó que los delitos de violencia familiar y vicaria se persiguen de oficio, por lo que el proceso penal continúa independientemente del perdón otorgado por la denunciante.

Perdón y violencia: no juzgar a las víctimas, violencia familiar
IMAGEN: Especial

Un fenómeno ampliamente documentado

Psicólogas, criminólogas y expertas en violencia contra las mujeres han documentado que muchas víctimas modifican su postura durante un proceso judicial por razones relacionadas con el miedo, la dependencia económica, la protección de sus hijas e hijos o la expectativa de evitar una escalada de la violencia.

No es posible conocer las razones particulares que llevaron a María Felicia a presentar un escrito de conciliación y cualquier explicación sobre su decisión sería especulativa. Sin embargo, especialistas señalan que este tipo de cambios es frecuente en relaciones marcadas por la violencia.

“Calmar al oso”

En su libro El invencible verano de Liliana, la escritora Cristina Rivera Garza retoma investigaciones realizadas en Estados Unidos (presentadas en el libro Sin marcas visibles, de Rachel Louise Snyder) sobre un comportamiento conocido coloquialmente como calmar al oso (bear appeasement).

El concepto describe las estrategias que algunas mujeres adoptan cuando consideran creíbles las amenazas de su agresor. En esos contextos, buscan reducir el riesgo inmediato sometiéndose a las exigencias del agresor, retirando las denuncias, alejándose de sus redes de apoyo o intentando evitar cualquier acción que pueda desencadenar una agresión mayor.

Especialistas subrayan que estas conductas no responden a la ingenuidad ni a la debilidad, sino a mecanismos de supervivencia construidos en contextos de violencia prolongada.

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El peso de denunciar

Denunciar violencia familiar implica enfrentar procesos legales, emocionales y sociales que suelen ser especialmente complejos.

Cuando el presunto agresor ocupa o ha ocupado un cargo de alto perfil público, la exposición mediática puede incrementar la presión sobre la denunciante, quien queda sujeta al escrutinio público, a opiniones en redes sociales y a cuestionamientos sobre cada una de sus decisiones.

Diversas organizaciones dedicadas a la atención de víctimas insisten en que retirar una denuncia no debería convertirse automáticamente en motivo de descalificación ni de burla hacia quien la presentó.

La importancia del acompañamiento

Especialistas coinciden en que uno de los momentos más delicados ocurre precisamente cuando una víctima parece reconciliarse con su agresor o modifica su postura durante un proceso judicial.

Lejos de interpretar estas decisiones como prueba de que la violencia no existió, recomiendan fortalecer el acompañamiento institucional, jurídico y psicológico, evitando culpabilizar a las mujeres por respuestas que pueden estar condicionadas por el miedo, la dependencia o la necesidad de proteger su integridad y la de sus familias.

Mientras tanto, el proceso penal contra Víctor R. continúa, ya que los delitos que se le imputan son perseguidos de oficio por la autoridad.

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