Cultura

La historia de una tatuadora especializada en Manga, los cómics japoneses

Tiziana Mimendi Capuchino es una tatuadora mejor conocida como “Himura”, especialista en el dibujo de Manga, los cómics japoneses. Tiene la cabeza, la espalda y casi todo el cuerpo lleno de tatuajes que fueron marcando sus épocas en la juventud. 

 

Fíjate que el anime y el manga está como de moda. Antes no había tatuadores de anime, y la verdad que nos ha funcionado. Es difícil tatuar manga, y como que no lo valoran chido. Me ha tocado escuchar a tatuadores decir que ‘los que tatúan anime no saben dibujar’, pero es complicado crear personajes y nuevas viñetas. Ellos creen que una sólo reproduce”.

 

Himura se graduó de la escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado “La Esmeralda” en el año 2015. El tatuaje lo conoció por una de sus amigas que en algún momento le compró una máquina y le dijo “tú sabes dibujar, tatúame”. 

 

Para la entrevista con Once Noticias, Himura nos citó en su estudio, donde comía unos nuggets con arroz y algunas espinacas mientras esperaba al siguiente cliente. Por fin llegó, listo para entregar su pantorrilla a la aguja de Tiziana.  

 

Comencé a dibujar en la escuela, pero nunca me llenaba mi obra. Aunque algunos me decían que estaba chido, pues a mí no me terminaba de gustar. Cuando salí de la carrera, no sabía qué iba a hacer porque tampoco me había gustado tatuar lo que siempre pedía la gente”.

 

Fue hasta que un maestro le recordó cuál era el origen de su gusto por el dibujo, y le vino a la mente cuando era pequeña replicando los dibujos del anime que veía en televisión.

 

Toda mi obra la había hecho para complacer a ‘La Esmeralda’, para lo que ellos concebían como arte. Hacer cómics no es arte, según la academia. Hasta que fui con un maestro. Él me dijo que mi obra se veía falsa, que tenía que recordar qué dibujaba de pequeña, qué me gustaba ver. Y en corto se me vinieron a la cabeza mis caricaturas que tenía de chiquita”.

 

Todo ese archivo de los inicios de Himura se perdieron, “tenía una carpeta con mis personajes y mis dibujos que hacía desde chiquita. Y me la robaron en una fiesta que hice cuando vivía en Garibaldi, todo me lo robaron en esa pinche carpeta. Ni siquiera estaban tan padres los dibujos. Y eso quiero que lo pongas, que me robaron la carpeta que más cariño le tenía”.

 

Himura prepara la mesa con los botecitos de tinta, a su lado las agujas de una maquina moderna que casi no hace ruido. Se coloca los guantes y empieza a tatuar líneas rectas y de una sola pasada. Poco a poco, entre sangre, vaselina y tinta, se van formando los personajes japoneses.

 

No tenía idea de cómo era la vida en el tatuaje. Es llegar y aprender la asepsia y antisepsia, que ya lo sabía porque fue lo único que me enseñaron en la escuela. Y eso también quiero que lo pongas, en el curso de tatuaje de ‘La Esmeralda’ solo me enseñaron el montar y desmontar la mesa tatuajes”, dice Himura bajo el cubrebocas negro.

 

Sin embargo, fue practicando lo que le mostró la vida del tatuador. Después de un año regalando tatuajes, aprendió a dibujar en un lienzo vivo, que no siempre dejaba bien sus obras.

 

Los veía muy bien recién terminados, pero ya con el tiempo a veces no cicatrizaban bien, o se les caía la tinta con la costra, o quedaban mal por cualquier cosa. Fue en mi primer estudio de tatuajes donde aprendí mucho. Cuando entré, me pusieron a hacer las chácharas, que son como el infinito, la flor, la estrella. Lo que todo mundo se hace, eso era lo que me tocaba”.

 

Me gusta el anime y el manga porque de chiquita era mi vida y ahora también es mi vida. De hecho, vivo de eso”, concluyó la tatuadora.

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