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“Photo Chic” rescata legado de Catalina Guzmán en fotografía mexicana

FOTO: SECRETARÍA DE CULTURA

La obra de Catalina Guzmán llega por primera vez a gran escala con la exposición “Photo Chic”, que estará hasta el 26 de julio en el Museo Nacional de San Carlos. La muestra reúne un acervo inédito en un 90%, con piezas provenientes de colecciones como la Fundación Televisa y el Museo del Estanquillo, además de archivos particulares.

La exhibición traza el recorrido de la fotógrafa desde 1914, cuando, con apenas 22 años, tomó las riendas del estudio familiar Photo Chic, hasta finales de la década de 1940. Instalado en la céntrica calle de Monte de Piedad, el estudio se convirtió en un referente para retratar a la sociedad de su tiempo.

Más que una fotógrafa, Guzmán fue una creadora integral. No solo capturaba las imágenes: las intervenía con óleo, dotándolas de una estética cercana a la pintura. Su firma manuscrita en cada pieza dejaba clara su intención artística.

El curador, César González Aguirre, subrayó que el objetivo es rescatar su lugar en la historia: “Que Catalina Guzmán no sea olvidada en la fotografía mexicana ni en la memoria de la Ciudad de México”.

El reconocimiento a su trabajo no fue menor. En 1924, junto a su hermano Jerónimo, encargado de los retratos masculinos, Catalina obtuvo la medalla de oro en una exposición internacional en Milán. Sin embargo, su mayor aporte fue redefinir el concepto de lo “chic”, enfocándose en mujeres modernas que comenzaban a ocupar espacios fuera del hogar.

La exposición destaca también por la materialidad de las piezas: todas son impresiones vintage, reveladas por la propia artista, donde aún se aprecian sellos, soportes y huellas de su proceso creativo.

Organizada en cinco núcleos temáticos, la muestra recorre desde su biografía hasta el estudio como espacio de creación, pasando por retratos de mujeres modernas —bailarinas y actrices—, escenas familiares y un universo infantil lleno de fantasía.

El estudio cerró en la década de 1960, tras la muerte de la fotógrafa en 1964. La popularización de las cámaras portátiles marcó el fin de una era. Hoy, su legado resurge para ocupar el lugar que le corresponde en la historia visual de México.

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