Desde su fundación, la compañía de danza Onírico ha hecho de la ambigüedad una forma de crear poesía. Así ocurre con “Soñantes, intento 1045”, puesta en escena que explora el lado oscuro del miedo, el dolor y la tristeza como punto de conciliación para encontrar luz y esperanza.
“Lenguaje que Onírico lleva trabajando más de 25 años, que es la danza teatro del gesto. Es como una fusión entre la danza contemporánea, el mimo, el clown, el teatro, el teatro físico y, sobre todo, lo que es recurrente son las imágenes poéticas, el tratamiento de la ternura”, dice Ricardo Martínez, integrante de ‘Los Bardos’, de Oaxaca.

Un lenguaje que nace de la calle
Parte del desarrollo de esta técnica proviene de la experiencia previa de los integrantes de la compañía, Gilberto González Guerra y Juan Ramírez, quienes trasladaron aprendizajes de las artes escénicas públicas a su propio lenguaje.
“Viene mucho del trabajo de calle. El trabajo de calle les nutrió muchísimo en su formación como bailarines y como actores, porque hay veces que solamente no puedes decir las cosas de una manera, no tiene solo que recargar la historia en el texto, o no tiene que haber una historia lineal”, señala Ricardo Martínez.
“Soñantes, intento 1045” ofrece funciones de jueves a domingo hasta el 1 de marzo en el Teatro de la Danza Guillermina Bravo, dentro del Centro Cultural del Bosque.
