Hay voces que no solo cantan, sino que cuentan la historia de un pueblo. Hoy, esa voz se ha vuelto eterna.
Sonia Bazanta Vides, la mujer que el mundo entero conoció como Totó la Momposina, partió a los 85 años, dejando un legado sonoro tan inmenso como el río que la vio nacer.
Su historia comenzó a orillas del río Magdalena, en el corazón de Colombia. Allí, entre el lodo y la brisa, Totó no solo aprendió a cantar, aprendió a escuchar.
Se nutrió de los relatos de las lavanderas y los pescadores, convirtiendo esas vivencias en himnos eternos como “El pescador”, “Prende la vela” y “La candela viva”.
Defensora de las raíces afrodescendientes y el folclor
Su obra fue mucho más que música, fue una forma de luchar por sus raíces. En una sociedad que a veces ignoraba su herencia africana, Totó defendió con orgullo la cultura afrodescendiente. Gracias a ella, ritmos como el bullerengue y el mapalé mantienen viva la historia de sus antepasados, quienes usaron el canto como un grito de libertad.
Aunque se despidió de los escenarios en 2022, su llama sigue viva. Su voz trasciende generaciones, vibrando tanto en sus grabaciones originales como en colaboraciones con figuras de la música urbana y el pop, como Calle 13, Lila Downs y Celso Piña, entre otros.
Su trayectoria no solo conquistó escenarios, sino también el respeto institucional. Fue galardonada por el Latin Grammy con el Premio a la Excelencia Musical y recibió el título de doctora honoris causa por la Universidad Pedagógica Nacional.
Hoy la “Matriarca del folclor” descansa, pero su grito de “¡La candela viva!” seguirá encendido en cada tambor que suene en las plazas de su amada Colombia y el mundo.