Internacional

Historias de Mujeres: Doris Salcedo

 

(Bogotá, Colombia 1958) 

Doris Salcedo es una  artista colombiana que trabaja predominantemente con instalaciones que abordan temas sociopolíticos. Estudió Bellas Artes en la Universidad Jorge Tadeo Lozano de Bogotá y después cursó estudios de posgrado en la Universidad de Nueva York. Su obra ha sido expuesta en varios museos del mundo como el Guggenheim Bilbao, la Tate Modern en Londres, el Chicago Art Institute, entre muchos otros. 

 

Shibboleth

Salcedo aborda las heridas históricas y los procesos de memoria. Suele trabajar con intervenciones a larga escala, como en el caso de la grieta que generó en la Turbine Hall de la Tate Modern en Londres, un gesto simple pero poderoso en su pieza “Sibboleth” (2008), una metáfora de las fronteras y los miedos que éstas provocan. Salcedo logró perforar el piso de concreto de la sala principal de la galería, dejando como resultado una larga grieta de 167 metros, que divide con su profundidad la sala principal de la galería y evoca las catástrofes que sufren los migrantes, particularmente en el llamado “Primer mundo”. La grieta agrede al espacio, así como se percibe que lo hacen los inmigrantes.

“Creo que toda obra de arte es política, porque cada pieza está abriendo nuevos caminos y de alguna manera eso rompe con el status quo”, ha señalado la artista en relación a su intervención. 

 

Plegaria Muda

162  mesas puestas una sobre la otra y sobre de ellas con pequeños brotes de pasto, integran la instalación que lleva el nombre de “Plegaria Muda”. Doris Salcedo entrevistó a madres en búsqueda de sus hijos desaparecidos en la localidad de Soacha. Con el propósito de explorar la indiferencia de la sociedad colombiana ante la muerte de 2500 jóvenes de zonas marginales asesinados por el ejército colombiano sin motivos aparentes, que disfrazaron la cifras de desaparecidos como guerrilleros dados de baja entre 2003 y 2008. De esta manera, Salcedo emula la forma de tumbas o una gran fosa común, proponiendo elaborar el duelo de los jóvenes asesinados. 

 

La topografía de la guerra

Otra de las piezas más reconocidas de la artista es “Sillas vacías del Palacio de Justicia”, una instalación con más de 2500 sillas que pretende recordar el suceso en 1985 cuando el M-19 (movimiento de abril) tomó dicho edificio. Un año antes, el entonces presidente Bilisario Betancur y el grupo insurgente M-19 habían pactado un acuerdo de paz con el que finalizaban los diez años de insurgencia del grupo armado. Tras 15 de meses de espera, el grupo M-19 dio una vez más un golpe al Estado Colombiano. El 6 de noviembre, 35 insurgentes asaltaron el Palacio de Justicia, tomando como rehenes a magistrados y trabajadores dejando al rededor de 100 muertos y varios heridos. A través de las sillas de madera suspendidas, Salcedo visibiliza el vacío y ausencia que dejaron las víctimas. “Cada que entrevisto a una víctima, su historia se queda conmigo para siempre, señala la artista cuando describe su obra. 

 

Fragmentos

Más de 37 toneladas de fusiles de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) fueron fundidas al horno para dar pie a una nueva creación colectiva en conjunto con víctimas de violencia sexual, el arquitecto Carlos Granada y la artista crearon un contra-monumento el cual consistía en derretir esas armas y fueron forjadas en el piso de un museo, en contraposición a la monumentalidad del oficialismo que subyace de los monumentos históricos.  El acto de martillar fue un proceso catártico para las víctimas de violencia sexual, quienes dijeron fue “como sacar el veneno y dolor”. 

 

 

Pese a que la obra de Salcedo se concentra sobre las víctimas de procesos violentos en Colombia, la universalidad de los actos como la tortura, la desaparición, la vulneración de los derechos y dignidad humana hacen que la memoria histórica es lastimosamente similar, quizás con variantes pero comparten los mismos aristas. Doris Salcedo toma pequeños fragmentos del dolor y los recontextualiza al otorgarles un carácter público y performativo, a aquello que ha permanecido en la oscuridad de la historia oficial, pero presente en la memoria del dolor de las personas. 

En un circuito en el que abundan piezas para complacer al mercado, con estética pop, trazos amables que invitan a una contemplación pasiva u obras que dialogan con formalismos del pasado, la voz de Doris Salcedo resulta necesaria para incomodarnos con temas del presente o del pasado reciente que incomodan y cuestionan las narrativas (y estéticas) hegemónicas. 

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