Internacional

La esperanza del tren humanitario que transporta ucranianos a la frontera húngara

El exilio es una extensa travesía en la que parece que el tiempo es lo único que se detiene

Si hay algo que transforma la guerra, es el tiempo… Un instante puede ser eterno.

Y el exilio es una extensa travesía en la que parece que el tiempo es lo único que se detiene.

Un grupo de mujeres y niños tardaron varios días en salir desde Kiev, pasando por Ivano Frankivsk hasta la frontera húngara, pero aún les falta un largo camino por recorrer.

En la estación ferroviaria de Zahony esperan el llamado tren humanitario.

Para desahogar los puntos fronterizos, el gobierno ha dispuesto corridas gratuitas para que los ucranianos desplazados se transporten a la capital, Budapest y de ahí, con ayuda de organizaciones o voluntarios, busquen alojamiento en otros países como Republica Checa o Alemania. La permanencia aquí parece no ser opción.

“El primer ministro húngaro, Víktor Orban, se ha mostrado muy positivo porque en dos semanas hay elecciones. El primero de abril habrá elecciones aquí en Hungría para renovar el Parlamento”, dijo Mykola Volkivskyi, Foundation for the Development of Ukraine.

Pero en realidad en Hungría muchos refugiados ucranianos que han escapado, han encontrado ayuda, pero no del gobierno, de los voluntarios y organizaciones como la Cruz Roja, etcétera. El gobierno sólo observa”, agregó.

Al escapar de la guerra, metieron una vida completa en sólo una maleta, por eso antes de subir al tren hacen acopio de cobijas, comida o ropa que les dieron en la estación.

El tren parte con casi 40 minutos de retraso, y unas 300 personas a bordo. Con él queda atrás la tierra a la que se niegan a dejar en el olvido.

“Venimos a Hungría a casa de unos parientes para esperar un poco a qué se restaure la paz, tan pronto como Ucrania esté bien, volveremos a nuestro hogar, porque nuestra Ucrania sigue siendo un buen lugar”, comentó Svitlana, refugiada ucraniana.

Son 250 kilómetros y -sí, una vez más el tiempo- casi seis horas de trayecto. Aquí en los vagones, aprovechan para dormir o descansar un poco, platicar o simplemente contemplar a través de la ventana aquello que están abandonando.

En el tren, el único lujo al que se tiene acceso es un baño y el sistema de calefacción.

Los exiliados llegan a la periferia, en Kobanya Felso, a 25 minutos del centro.

Aquí los espera otro autobús, otro traslado, más y más tiempo.

Arriban así al recién inaugurado centro para refugiados que el gobierno abrió en la explanada del estadio Puskas Arena.

Pero aquí solo permanecen unas horas, tras ser registrados y recibir atención médica o alimentos, son organizados en secciones.

Unos van al aeropuerto, otros a la estación de trenes este, otros al oeste… Se abre un mundo de opciones para partir, para pernoctar solo si han conseguido familia de acogida o espacio en los albergues de las organizaciones.

Mientras llega a su destino, Ivanieva ondea su bandera por la ventana. Salió de Kiev, ya no sabe si hace dos días o una semana, porque lo primero que transforma la guerra es el tiempo…

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