Cuando comenzaron los ataques de Israel en Líbano, Mariam Zein huyó con su bebé, su esposo y varios allegados a un refugio en Beirut, convirtiéndose junto con su familia en una de las más de 140 mil personas que ahora se refugian en Centros de Acogida a las afueras de la capital.
“Estaba muy emocionada cuando estaba en mi noveno mes de embarazo, deseando dar a luz y ver crecer a mi bebé en casa. Nunca pensé que pasaría esta situación”, apuntó Mariam Zein.
En ese sentido, Zein detalló que no ha podido disfrutar ver a sus hijos crecer en su propia casa, ni celebrar su nacimiento repartiendo dulces como otras mujeres.
La escalada de violencia ha dejado más de dos mil muertos en Líbano y ha obligado a que millón y medio de personas abandonaran sus hogares.
Servicios médicos
Además de Zein, en ese Centro de Acogida hay cinco mujeres más que esperan un bebé. Todas son revisadas por una ginecóloga obstetra, que trabaja en una tienda equipada con un ecógrafo portátil.
Sin embargo, están preocupadas por dar a luz, en un lugar sin todos los servicios médicos necesarios.
“Pensé que daría a luz a mi bebé en el pueblo. Allí había preparado todo, diciéndome a mí misma que iría donde está mi médico especialista. No podía aceptar la idea de que daría a luz aquí, en una tienda y dentro de un colegio. Todavía no he conseguido aceptarlo”, explicó Ghada Issa, libanesa embarazada y desplazada.
De acuerdo con el Fondo de Población de Naciones Unidas (Unfpa), cerca de 620 mil mujeres viven desplazadas por los ataques israelíes, de ellas 13 mil 500 se encuentran embarazadas y mil 500 darán a luz en los próximos 30 días.
“Es una dificultad severa que no desearía a ninguna mujer embarazada. Vivir en un colegio es increíblemente difícil: esperar en largas colas sólo para usar el baño o ducharse, y soportar la carga de vivir con otros”, apuntó Issa.