El máximo responsable militar de Australia admitió este jueves la existencia de pruebas creíbles de que sus fuerzas especiales “mataron ilegalmente” al menos 39 civiles y prisioneros afganos, e indicó que un fiscal especial para crímenes de guerra había sido interpelado.
Basándose en las conclusiones de una investigación realizada durante años sobre la conducta del ejército australiano en Afganistán, el general Angus Campbell reconoció que se había instalado una cultura de la impunidad en las tropas de élite y que ésta condujo, durante casi una década, a varios supuestos asesinatos y montajes.
Algunas patrullas hicieron caso omiso de la ley, infringieron reglas, se inventaron historias, se contaron mentiras y se mató a prisioneros”, admitió el jefe del ejército australiano, quien presentó sus “sinceras disculpas y sin reservas” al pueblo afgano.
“Este balance vergonzoso incluye supuestos casos en los que nuevos miembros de patrulla fueron obligados a disparar contra un prisionero para efectuar su primer asesinato”, explicó Campbell.
Tras ello, los jóvenes soldados habrían escenificado un enfrentamiento, ficticio, para explicar el incidente, según el informe.
El informe, publicado el jueves por el inspector general del ejército, da cuenta de decenas de asesinatos que “tuvieron lugar fuera del fuego de la acción”.
Asimismo, recomienda que 19 personas sean presentadas ante la policía federal australiana y que se paguen indemnizaciones a los familiares de las víctimas.
Campbell afirmó que las personas implicadas “en el supuesto asesinato” de 39 personas, “mancharon” su regimiento y las fuerzas armadas y que debían ser enviadas a la “oficina del investigador especial” encargado de crímenes de guerra.
Además, pidió la revocación de algunas medallas otorgadas a las fuerzas de las operaciones especiales que sirvieron en Afganistán entre 2007 y 2013.
Tras los ataques del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, más de 26.000 soldados australianos fueron enviados a Afganistán para combatir junto a las fuerzas estadounidenses y aliadas contra los talibanes, Al Qaeda y otros grupos islamistas.
Las tropas de combate australianas dejaron el país en 2013 pero desde entonces han salido a la luz una serie de relatos, a veces brutales, sobre la conducta de las unidades de élite de las fuerzas especiales.