Perú se prepara para una elección decisiva. Más de 27 millones de ciudadanos están convocados a las urnas este domingo para definir quién ocupará la presidencia en la segunda vuelta, marcada por la polarización política y el descontento social.
“El Estado, cuando el pueblo reclama nunca responde, sólo nos calla, sólo nos mata”, comentó la activista Dominga Hancco.
La derechista Keiko Fujimori, de Fuerza Popular, y el izquierdista Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú, son los dos candidatos que buscan suceder al gobierno de transición.
“Que el Estado le pida perdón al país, especialmente ustedes. Que la justicia alcance a sus responsables. Aquellos detallaron con impunidad”, declaró el candidato Roberto Sánchez.
Mientras que la candidata Keiko Fujimori dijo que será firme para reestablecer la seguridad en el país, “vamos a recuperar la paz, la tranquilidad y el orden. A mí no me va a temblar la mano. Tengo los pantalones bien puestos. Este es mi compromiso con Piura y con el Perú”.
Sin embargo, la contienda se desarrolla en medio de una creciente preocupación por la inseguridad, la desaceleración económica, la crisis del sector agrícola y la desconfianza hacia las instituciones.
“No hay otra opción tampoco. Él es el mal menor, decimos acá, el ‘tal vez’, porque tampoco tenemos confianza”, compartió César Cutipa, habitante de Perú.
Perú llega a esta elección tras años de inestabilidad política, con presidentes destituidos, investigaciones de corrupción y un creciente malestar ciudadano por la falta de resultados en materia de seguridad y empleo.
“Perú se encuentra en una inestabilidad que realmente ha dado la vuelta al mundo y esa es una preocupación para todos los peruanos. Incluso hay muchos jóvenes que están viajando al extranjero por mejores oportunidades”, expresó la estudiante Juliana Saavedra.
Mientras Fujimori promete estabilidad económica y mayor seguridad, Sánchez centra su discurso en la reducción de las desigualdades y un papel más activo del estado en la economía.
Con un electorado dividido y un alto nivel de voto de castigo, los analistas anticipan una jornada del 7 de junio muy cerrada que definirá el rumbo político del país para los próximos cinco años.