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Tropas rusas realizan ataques en la ciudad de Severodonetsk, Ucrania

El fuego de artillería dejó un enorme agujero en un edificio cercano a su casa en Severodonetsk. Los pedazos de ladrillo empiezan a caer en un patio trasero que conecta varios inmuebles destruidos por la guerra.

En el epicentro de los combates en el este de Ucrania, los civiles no pueden bajar la guardia.

Tamara Nesterenko prepara una sopa en la puerta de su casa pero de golpe toma el cazo y corre a esconderse en el sótano para escapar de los morteros que caen sin parar sobre Severodonetsk.

La lluvia de proyectiles destroza parabrisas de vehículos y marquesinas antes de detenerse piadosamente. Un puñado de valientes vecinos asoman sus cabezas por la puerta metálica del edificio para comprobar si es seguro seguir cocinando.

Pero entonces otro mortero estalla con gran estruendo más o menos en el mismo lugar. Luego otro y luego una serie de proyectiles van percutiendo cada pocos segundos en este distrito residencial de Severodonetsk, una ciudad industrial convertida en devastado campo de batalla después de casi tres meses de invasión rusa.

“Ha sido así durante cuatro o cinco días”, asegura la maestra Tamara Nesterenko, volviendo con prudencia a la estufa de leña que hace de cocina improvisada en esta ciudad fantasmal que lleva semanas sin agua, gas o electricidad.

Tres cazos hierven a fuego lento con sopa y patatas para los 27 vecinos que llevan casi todo el último mes viviendo a oscuras bajo tierra.

Los pocos habitantes que quedan en uno de los principales centros de producción química del este de Ucrania, antes una ciudad de 100 mil residentes reconstruida desde las cenizas por los soviéticos tras la Segunda Guerra Mundial, tienen miedo de alejarse unos pasos del portal de su casa.

Tanques con sus cañones humeantes recorren calles llenas de escombros y hacen girar sus torretas hacia cualquier cosa que se mueva.

En los distritos orientales, donde se libran las batallas más encarnizadas, los proyectiles de artillería estallan sin previo aviso porque se disparan a muy poca distancia.

AFP

Los que se lanzan desde más distancia emiten un silbido ondulante mientras dibujan una parábola por encima de esta ciudad sumida en un estado de guerra permanente.

Severodonetsk y su ciudad gemela de Lysychansk son la última bolsa de resistencia ucraniana en Lugansk, la más pequeña de las dos regiones que comprenden la cuenca minera del Donbás, objetivo prioritario de Moscú.

Las fuerzas rusas han rodeado las dos urbes, separadas por un río que marca el frente principal de la guerra, y las bombardean constantemente en un aparente esfuerzo para desgastar su resistencia y dejarlas sin suministros.

Lysychansk todavía dispone de una carretera hacia el suroeste que las fuerzas ucranianas utilizan para enviar refuerzos y ayuda humanitaria.

La única conexión de Severodonetsk con el territorio controlado por Kiev es un puente con Lysychansk que ninguno de ambos bandos parece dispuesto a destruir a diferencia de lo ocurrido con los otros de la zona.

Esta infraestructura permite a los habitantes de Lysychansk enviar camiones con agua que sus vecinos de Severodonetsk pueden recoger en unos puntos de encuentro específicos.

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