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Estereotipos de maternidad invisibilizan derechos de las mujeres

FOTO: CUARTOSCURO

La imagen de la mamá sacrificada, buena, incansable, amorosa, dulce y que puede con todo, parte de una narrativa cultural que encubre estereotipos sobre una idea de maternidad en el que las mujeres son abnegadas, pero se invisibilizan derechos fundamentales de las mujeres, explica María Elena Esparza Guevara, fundadora de la organización Ola Violeta AC a Once Noticias.

Esta carga de estereotipos, que además se alimenta de un sistema que normaliza violencias asociadas al género y en el que se romantiza la maternidad, suele recaer en reducir a las mujeres como cuerpos gestantes y reproductores, “por lo que estamos a tiempo de resignificar la maternidad en el sentido de una elección y acompañarse en lo familiar, social, de las parejas, de las instituciones y de todo el sistema”, pondera María Elena, quien también participa en el Consejo Ciudadano CDMX, para prevenir violencia de género.

La fundadora reconoce la importancia de detenerse a reflexionar sobre las atribuciones que se hacen a las mujeres que son madres, ya que afirma que pocas veces se cuestiona. Además critica que se ha normalizado, a través del sistema de género, a tal grado que se generan expectativas sobre “ser mujer y ser madre”.

Esto genera un impacto ya que se deja en último lugar a las mujeres y sin posibilidad para externar sus emociones, y cuando lo hacen “se genera un sentimiento de culpa por no cumplir esas expectativas de la ‘buena mamá’”, señala.

La especialista reconoce que hay un avance sustancial. Enfatiza que el movimiento feminista ha logrado que se visibilicen otras formas de vivir y acompañar las maternidades, aunque critica que la permeabilidad a nivel social continúa como un reto.

Gestar no es lo mismo que maternar

Al conversar sobre las diferencias de estos términos, María Elena Esparza comparte que aún se suelen confundir y es ahí en donde se generan expectativas y las atribuciones sociales:

“La maternidad es una construcción cultural, que a lo largo del tiempo se ha adaptado a un consenso social heredado. Gestar es la dimensión biológica, son los cuerpos gestantes. Maternar debería ser una elección y no una imposición. No perdamos de vista que existen problemas con la imposición de las maternidades forzadas y el tema del aborto. Maternar parte de un aparato cultural que acompaña esa decisión”.

Y es que el debate sobre el aborto, entre otras cuestiones, responde a que la maternidad debería de ser una elección y no una imposición, por lo que al ilegalizarse, se forza a las mujeres a cumplir estereotipos de género y la dimensión biológica.

Tres derechos que se invisibilizan: derecho al autocuidado, a la salud mental y derecho a la conciencia corporal.

María Elena relata que en ese ejercicio se invisibilizan tres derechos fundamentales hacia las mujeres, “son la ‘canasta básica’ y deben garantizarse”.

El derecho al autocuidado

En México, el trabajo no remunerado se ve impactado por la división de sexos y recae principalmente en las mujeres. Coneval, en sus resultados sobre Pobreza y Género de 2016 a 2020, detalla que son las mujeres quienes en mayor medida se dedican al cuidado de otras personas del hogar, además persiste una falta de corresponsabilidad del trabajo doméstico entre los sexos lo que representa una limitante estructural, para las mujeres que desean participar en el trabajo remunerado.

A finales del año 2021, la Cuenta Satélite del Trabajo No Remunerado de los Hogares de México (CSTNRHM) 2020, realizada por el INEGI, detalló que el trabajo no remunerado (labores domésticas y el cuidado) equivale a un monto de 6.4 billones de pesos, lo equivalente a 27.6% del PIB nacional, en comparación con 22.9% registrado un año anterior.

Según INEGI las horas de trabajo no remunerado en los hogares aumentó: en 2019, se registraron 2 mil 794 millones de horas dedicadas al trabajo no remunerado en el hogar. En 2020, fueron 2 mi 875 millones de horas.

A nivel nacional, el trabajo de cuidados, tal como registró CONEVAL se ubicó en 27.8 horas semanales para las mujeres y 15.2 para los hombres. En cuanto a los quehaceres domésticos las mujeres dedicaron en promedio 22 horas semanales, mientras que los hombres dedicaron 8.2 horas.

Se suman al panorama las jefas de familia, que luego del trabajo remunerado son quienes realizan labores domésticas o de cuidado. Las horas extenuantes que pasan las mujeres en el cuidado de hijos, hijas o personas mayores y en la limpieza del hogar, está atravesado por una brecha de género que impacta de manera negativa en las mujeres.

“Es un día a día extenuante que no deja tiempo para que las mamás tengan rutinas de autocuidado: la crianza y las tareas domésticas no deben ser responsabilidad exclusiva o mayoritaria de las madres; la corresponsabilidad es urgente. Las mujeres deberían poder tomarse un tiempo para hacer alguna actividad que ella considere que pueda redituarla”, enfatizó María Elena a Once Noticias.

Derecho a la salud mental

La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que la salud mental y los trastornos de ansiedad y depresión, afectan principalmente a mujeres que son madres. Una de esas afectaciones es la invisibilización de la depresión materna y la depresión post parto considerada un problema de salud pública.

El Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) detectó en el año 2020 que la depresión entre mujeres con al menos un hijo menor de 5 años tiene una prevalencia en México del 19.9% (equivalente a 2 millones de mujeres), es decir, 1 de cada 5 mujeres presentan un cuadro depresivo que, de no ser detectado y atendido, se podría prolongar y agravarse.

“Lamentablemente, el rol de la madre sumisa incluye nunca enojarse, no pedir ayuda cuando se siente rebasada y guardarse sus emociones para no incomodar al resto de la familia: esto va creando una bomba de tiempo que tarde o temprano cobra su factura inclusive al cuerpo físico”, compartió al respecto la fundadora de Ola Violeta AC.

Derecho a la conciencia corporal

Al respecto de este derecho María Elena externó que las mujeres que son madres pueden reconocer y validar su experiencia sensorial, emocional y física. Considera que tal reconocimiento puede ser una herramienta preventiva de la violencia de género “porque al desbloquearnos a nosotras mismas, podemos detectar patrones que nos dañan y fijar límites ante ellos”, dijo.

La especialista finalizó, a Once Noticias, con la reflexión de que las mujeres pueden resignificar su maternidad como elección libre sobre sus cuerpos, que existe el reto de combatir esos estereotipos, sobre la imagen de las madres abnegadas y sacrificadas, “eso genera un círculo viciado y viciosos” y que como sociedad tenemos la obligación de acompañar [desde otros frentes] las maternidades”.

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