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Jalpa de Cánovas, un viaje por el siglo XVI en la Nueva España

Aunque es un Pueblo Mágico de recorrido breve, está cargado de una historia muy arraigada y lugares que irradian un antiguo esplendor.

Jalpa de Cánovas es uno de los “Pueblos del Rincón” de Guanajuato por su cercanía con los Altos de Jalisco.

Rodeadas de extensos campos, recuerdo de su larga tradición agrícola, las casonas remontan a la época dorada de Jalpa, durante el Porfiriato, cuando se conocía como el “Granero de México”.

Cerca de la plaza principal se alza la Aguja del Templo del Señor de la Misericordia.

Su estilo neogótico alemán rompe el paisaje barroco que predomina en Guanajuato y define la enorme influencia del estilo europeo en la arquitectura.

Jalpa de Cánovas surgió en 1542 en torno a la hacienda, que fue generosa en tierras fértiles y atrajo a personajes de la nobleza, y en el siglo XIX se cedió a Manuel Cánovas, quien la convirtió en el corazón del pueblo, y desde entonces se le conoce con este nombre.

 

 

Se supone que un Maximiliano de Habsburgo estuvo aquí, que vino Porfirio Díaz. Manuel Cánovas en esa relación que tenía como el hombre más rico de la ciudad, y aparte gran empresario. Organizaba sus comidas y sus cenas cuando se daba la gran cosecha de trigo’’, afirmó Juan Carlos Murillo, coordinador general del Museo Casa Cánovas.

Desde 2014, la exhacienda alberga el Museo Casa Cánovas, un templo del tiempo que invita a imaginar aquellas magníficas fiestas y conserva antigüedades, obras de arte y muebles que pertenecieron al matrimonio de Guadalupe Cánovas y Òscar Braniff, impulsores de la modernización del lugar.

 

Siempre viví obsesionado por que algún día este espacio lleno de historia, lleno de objetos del siglo dieciocho, del siglo diecinueve, estuviera efectivamente abierta para la gente’’, consideró Juan Carlos Murillo.

De los tesoros que resguarda este museo se encuentra un tocador inglés del siglo XIX que fue regalo de bodas de Porfirio Díaz y uno de los primeros refrigeradores General Electric que arribaron a México en 1928.

El otro lado de la plaza, un recinto más modesto pero repleto de curiosidades, Luis Cabrera, habitante de Jalpa, se dedica a la invaluable tarea de tocar de puerta en puerta para articular la historia de su pueblo y expone los objetos que ha recolectado en una sencilla habitación que adaptó como museo.

 

 Me di cuenta que las herramientas, las piezas originales estaban en extinción porque mucha gente se interesa por ellas y viene a comprarlas. entonces me di a la tarea nuevamente de visitar las casas donde yo sabía que había ese tipo de piezas, y la gente con mucha generosidad me ha regalado lo que vemos aquí en el museo’’, mencionó Luis Cabrera.

El propio Luis Cabrera se encarga de colocar y etiquetar los objetos, de acuerdo con su tema.

Cada sección se distingue por un color en la pared y el tránsito va desde la vivienda de los peones, instrumentos de labranza, vida social, Revolución Cristera e historia de la hacienda.

 

Prácticamente pues esa era la ilusión de que la gente nos conozca, que sepa de nuestra historia, que conozca los lugares importantes de aquí de la comunidad y pues que se retiren satisfechos pero que regresen’’, afirmó Luis Cabrera.

En Jalpa de Cánovas, tierra de labranza, el “Granero de México” se riega en el presente para germinar en la memoria.

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