
Sor Juana Inés de la Cruz combatió la desigualdad con educación y se “atrevió” a compararse con la sociedad masculina de la época desde su celda. Desde allí se convirtió en una de las escritoras más sagaces y representativas del barroco.
Nació en México cuando esta región era aún Nueva España. Fue hija de una criolla, Isabel Ramírez, y de un capitán de origen vizcaíno, Pedro Manuel de Asbaje y Vargas Machuca. Compartió su infancia con dos hermanas, pero muy pronto destacó por su innata curiosidad y sus inquietudes. Pese a que el acceso a la educación estaba reservado, en aquel entonces, a los hombres, la niña Juana Inés se reveló como una persona de extraordinaria inteligencia.
Sor Juana fue una monja quien vivió en un ámbito cerrado para la participación de la mujer, en el cual defendió la igualdad entre hombres y mujeres para acceder a la educación y al conocimiento. Defendió el derecho de estudiar sin importar el sexo, pero este impulso de saber y aprender la sometió al fuego de la persecución, al crisol del tormento.
Durante una década, Sor Juana Inés de la Cruz, se rodeó, desde su celda, de los más exquisito de la cultura mexicana. Su celda se convirtió en punto de encuentro y reunión de escritores, poetas, filósofos e intelectuales de la época, y en ella reunió una nutrida biblioteca con más de 4,000 volúmenes de materias tan distintas como teología, astronomía, pintura, lenguas o filosofía. Allí, poco a poco, comenzó a modelar su estilo y sus escritos filosóficos tomaron una deriva crítica y mordaz que muchos no supieron entender en su momento, quizá porque les chocara demasiado, viniendo de una religiosa.
Las opiniones de la monja jerónima sobre el amor, la misoginia y la igualdad entre los sexos le granjearon la animadversión de autoridades de la Iglesia, a quienes enfrentó con la retórica.
Sus escritos no hablaban de su experiencia como religiosa. Sor Juana Inés nunca fue una mística al estilo de Santa Teresa de Jesús, sino una poeta. Una amante de la vida, del amor y de la complejidad del desamor, hasta tal punto que en el año 1690 recibió un toque de atención por parte del obispo de la Ciudad de Puebla, quien considero sus creaciones “demasiado mundanas”. La contestación de sor Juana fue un manifiesto, ‘La Respuesta a sor Filotea de la Cruz’, un brillante escrito que defiende el derecho de la mujer a la educación. Sin embargo, pese a su aguda réplica pública, aquella crítica llegó a afectarla en el plano personal hasta tal punto, que terminaría por deshacerse de su biblioteca y consagrándose por completo a la vida religiosa.
En su “Carta a Sor Filotea de la Cruz” mostró ser una mujer intelectualmente avanzada a su tiempo, pero no tuvo la oportunidad de hacer escuchar su voz como actualmente la tienen ellas.
La carta es una defensa de la dignidad intelectual de las mujeres y este trabajo es uno de los productos más importantes de la producción literaria en el México Colonial, así como un testimonio de su postura contra la marginación de la mujer en términos de educación, conocimiento y enseñanza.
Apenas cinco años después, Sor Juana Inés de la Cruz moría víctima de el tifus. Falleció, como correspondía a su espíritu colaborativo, mientras atendía a sus “hermanas”, las compañeras que habían caído gravemente enfermas durante la epidemia que asoló México ese año. Afortunadamente su obra, que abarcó géneros tan diversos como poesía, teatro, o estudios filosóficos y musicales, continúa, más de tres siglos después, extraordinariamente viva entre nosotros, y su increíble legado sigue siendo reconocido a nivel nacional e internacional.
Sor Juana es una figura que ha fascinado a sus lectores por casi 400 años. Hombres y mujeres sucumben a sus talentos intelectuales y prueba de ello es que ha tenido biógrafos de la talla de Octavio Paz, quienes aportaron elementos importantes de su personalidad.
Octavio Paz afirmaba que Sor Juana Inés se hizo monja para poder pensar. Y puede que sea cierto. «Vivir sola… no tener ocupación alguna obligatoria que embarazase la libertad de mi estudio, ni rumor de comunidad que impidiese el sosegado silencio de mis libros, escribió en aquella época. Una religiosa, en principio, estaba fuera de toda sospecha.
Hoy, muchas y muchos nos identificamos con la validez de sus afirmaciones sobre las mismas oportunidades.
Es importante rememorarla porque el modelo hegemónico machista prevalece