Contaminantes emergentes: otra amenaza contra el agua
Investigaciones arrojan que ciertos contenidos tóxicos de uso cotidiano permanecen en el líquido pese al tratamiento convencional.

Además de la desertificación, la sobreexplotación de pozos y el desperdicio incesante, el agua encara un riesgo más: los contaminantes emergentes.
“Donde tenemos, en principio, mayor impacto es con agua contaminada, con lo que ahora se llaman contaminantes emergentes. Son contaminantes que pueden estar en muy pequeñas concentraciones, pero que son muy tóxicos, y se llaman emergentes no porque no existieran antes, sino porque ahora tenemos conciencia de su toxicidad y de su importancia”, explica Luis Godínez Mora, del Centro de Investigación en Química para la Economía Circular de la Universidad de Querétaro.
Los contaminantes emergentes son un amplio grupo de sustancias presentes en productos de uso cotidiano.
Hoy se sabe, además, que no los eliminan los sistemas de tratamiento de agua tradicionales.
Entre los productos que los contienen figuran pesticidas, plaguicidas, medicamentos, compuestos químicos industriales y de limpieza, aditivos alimenticios, plastificantes.
Una solución universitaria
El Centro de Investigación en Química para la Economía Circular enfrenta estos contaminantes con una molécula llamada hidroxilo, que es un violento e inestable oxidante.
El oxidante reacciona en los contaminantes con tal intensidad que termina degradándolos en gases como dióxido de carbono y vapor de agua.
“Ese radical forma compuestos hidroxilados, que no son en principio tóxicos y que pueden llegar a mineralizar todos los compuestos orgánicos, eso quiere decir, llevarlos hasta CO2 y agua, es decir, combustión total”, explica Godínez Mora.
Un riesgo inesperado
Más de cinco mil hospitales de México utilizan muchos de los medicamentos que contienen contaminantes emergentes.
“Estamos trabajando con algunos compuestos, como diclofenaco, con algunos colorantes que vienen de la industria textil”, explica el estudioso de la Universidad de Querétaro.
Y señaló que es una paradoja que los analgésicos generen luego una especie de “dolor de cabeza” ambiental.
Esta huella la demostró en 2021 Mónica Cerro López, de la Universidad de las Américas Puebla, al identificar que el paracetamol permanece en casi la mitad de aguas ya tratadas.
En México se generan 40 millones de metros cúbicos de aguas residuales, por lo que el reto no es sencillo.
Por ahora complejos y costosos artefactos con que se hace frente a los contaminantes emergentes en un futuro podrían transformar las aguas más negras en oasis dentro de las urbes y campos industriales.