El jet lag: una especie de resaca biológica provocada por cambiar de huso horario de forma abrupta y que desajusta nuestro reloj interno, el ritmo circadiano.
Este ritmo es el sistema que sincroniza sueño y vigilia, hormonas, digestión, metabolismo e incluso la temperatura corporal en un ciclo cercano a las 24 horas. Gracias a él dormimos por la noche y permanecemos alertas durante el día.
El problema surge cuando el entorno horario cambia más rápido de lo que el organismo puede adaptarse.
Y no ocurre solo al volar: los turnos nocturnos, los horarios irregulares y el uso de pantallas en la madrugada también pueden generar ansiedad, agotamiento, alteraciones de presión y la llamada “neblina mental”, es decir, fallas de memoria y concentración.
La sustancia experimental
Pero ahora, investigadores japoneses evalúan una sustancia experimental, MIC-628, que podría reducir el jet lag a la mitad del tiempo.
Actúa bloqueando una proteína que inhibe genes responsables de regular nuestros ciclos de actividad, facilitando así la resincronización.
El hallazgo ha despertado gran interés más allá de la ciencia: cerca de mil millones de personas cruzan husos horarios cada año y la mayoría sufre jet lag, especialmente al viajar hacia el este. Incluso estudios en la NBA muestran que los equipos que vuelan en dirección este tienden a perder más partidos.