Para México es importante ser independiente en materia energética, ya que actualmente importamos 75% de gas natural desde Estados Unidos, y tenemos una capacidad de almacenamiento de cinco días para enfrentar una posible crisis en el sistema eléctrico.
Para evitar esta dependencia, el Gobierno de México explora opciones para extraer gas de fuentes no convencionales.
Una de ellas es la fractura hidráulica, una técnica que perfora yacimientos donde se inyectan fluidos compuestos por 90% de agua, 9% de arena y 1% de químicos.
Esa mezcla fractura las rocas de cuencas oceánicas y obtiene de sus poros petróleo y aceites: la fuente del gas.
México analiza hacerlo con nuevas tecnologías, por ejemplo:
- Reciclar el agua inyectada.
- Emplear agua salina.
- Sustituir el agua por fluidos químicos.
- El uso de agentes biodegradables.
Es necesario reducir ese gasto hídrico porque hoy en día el gas que exportamos de Estados Unidos viene de pozos profundos o no convencionales, donde las rocas están a más de 2 kilómetros bajo el suelo, una circunstancia que por sí sola, implica usar 13 veces más líquido que en los pozos convencionales o poco profundos.
Para extraer gas no convencional se necesitan 65 millones de litros de agua, mientras que para gas convencional 5 millones de litros de agua.

Por lo que en años recientes se ha promovido reaprovechar la llamada “agua producida“, así lo explica Antonio Hernández Espriú, especialista en ciencias geológicas e hidrología subterránea de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
“De la misma agua que se inyectó se recupera una fracción, junto con el agua que ya está naturalmente en la formación, y esto se llama agua de retorno o agua producida, y son muchísimos millones de litros de agua contaminada porque el agua tiene gas, tiene aditivos químicos, tiene hidrocarburo, tiene metales”, expuso Hernández Espriú.
Otra alternativa es el uso de agua salobre, una mezcla de agua dulce y salada, en lugar de potable, esto evitaría la competencia del recurso hídrico en otras actividades como la agricultura o el consumo humano.
“En Estados Unidos se ha visto con éxito que se puede utilizar agua salobre, salina del subsuelo y llevar a cabo el fracturamiento. En México no tenemos, es muy bien estudiados los acuíferos salinos, pero sería una opción”, comenta el especialista de la UNAM.
También se habla del uso de otros fluidos que no sean agua, como “gases, nitrógeno, CO2 o CO2 con poca agua, pero hasta el momento solamente hay algunas pruebas piloto a manera de investigación”.
El uso de estas tecnologías reduciría hasta 30% del agua y respecto a los químicos, “se están probando espumas, geles más amigables con el medio ambiente, más biodegradables”, señala Antonio Hernández Espriú.