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¿Viajar al espacio tiene un costo a la salud humana?

Los y las astronautas han sufrido afectaciones en su salud debido a la falta de peso durante sus viajes al espacio; esto es lo que saben los especialistas.

La mañana del 12 de abril de 1961 la historia de la humanidad cambió para siempre con el despegue del Vostok 1, la primera misión espacial tripulada con el ya mítico Yuri Gagarin a bordo.

Desde ese entonces cada ser humano en el espacio se ha enfrentado a la microgravedad que nos ha dado una colección de entrañables imágenes de la inmensidad del espacio.

Pero todo tiene un costo, la fisiología humana se gestó durante millones de años a ras del suelo terrestre, pero en 2016 Scott Kelly, luego de casi un año de estar dando vueltas a la Tierra en la Estación Espacial Internacional, ya no era el mismo, era más alto y con huesos mucho más frágiles, ya que ante la falta de peso la columna vertebral se expande y los cartílagos se alteran.

“Una cosa es que lo que hacen ahora mismo los astronautas en la Estación Espacial Internacional no ayuda. Hay evidencias de que los astronautas, incluso después de un período de unos pocos meses, experimentan signos de la osteoartritis”, señala Marco Chiaberg, investigador de la Universidad Johns Hopkins.

El ejercicio cotidiano ha sido el paliativo para los casi 700 humanos que hasta el día de hoy han ido al espacio. Aun así, la masa ósea se pierde a un ritmo de 1% mensual.

Ante esto, el especialista Marco Chiaberg tuvo una nueva perspectiva, saltar en lugar de correr estimularía al organismo a desarrollar sus cartílagos, así que entrenó a ratones para probarlo.

“Y luego teníamos el grupo de los saltos y esos eran ratones que durante un periodo de dos meses hicieron una rutina de saltos tres veces por semana. Empezamos con unos diez saltos desde una altura de unos cinco centímetros y luego fuimos aumentando progresivamente tanto la altura como el número de saltos durante el tiempo que duró el experimento”, explicó el académico de la Universidad Johns Hopkins.

Los resultados son alentadores no sólo para los redores del estudio, sino para toda la exploración espacial.

“Así que tenemos resultados muy prometedores con un aumento en el espesor del cartílago que vimos, y que es muy significativo, el espesor y el volumen. También hay un efecto positivo sobre la densidad ósea, que se esperaba, pero es bueno que también lo hayamos visto con este tipo de entrenamiento”, señaló.

Así que tal vez la solución para llegar a las estrellas está en saltar, saltar en el espacio, al menos, si se es un ratón.

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