El inicio de la pandemia marcó una nueva forma de consumo, lo que se reflejó en el aumento de 100% de las exportaciones de residuos plásticos, desde Estados Unidos hacia algunos países de América Latina.
Durante el primer semestre de 2020, Estados Unidos exportó 44 mil 173 toneladas de desechos plásticos a 15 países latinoamericanos, sin embargo, su impacto ambiental en las naciones receptoras, generalmente en vías de desarrollo, ha ido acrecentando el rechazo al comercio transfronterizo de estos desechos de los que solo 9% se utilizan para reciclar.
América Latina y el Caribe se está convirtiendo a pasos acelerados en un nuevo destino de la basura plástica mundial, según el informe de Alianza Global para Alternativas a la Incineración (GAIA, por sus siglas en inglés), esto después de que China en 2018 cerró las puertas a los desechos plásticos de Estados Unidos, que llegaban sucios o eran difíciles de reciclar.
De acuerdo a la información recopilada, entre enero y agosto de 2020, llegaron a México 32 mil 650 toneladas de estos residuos a México, cuatro mil 054 a El Salvador y tres mil 665 a Ecuador. Señalados como los tres países con mayor importación de desechos platicos a partir de la pandemia de COVID-19.
En México, en 2019, los envíos no superaron las 4 mil toneladas mensuales. Pero entre enero y agosto de 2020 el crecimiento de estas importaciones fue de 135%”, a esto se le suma que este país ocupa el lugar número 12 como consumidor de plástico.
Y esto puede entenderse, precisa, por “la existencia de legislaciones con vacíos, inconsistencias y duplicidades en una serie de normas que abordan al movimiento transfronterizo de los desechos plásticos”.
Existe un gran hermetismo por parte de las autoridades ambientales de dar información sobre el aumento de las importaciones de plásticos a México, de su quema en hornos cementeros y otras formas de reciclaje energético y contaminante, pero además las discrepancias de información entre las dependencias mexicanas”, se lee en el informe.
En el Senado Mexicano, hace dos años (2019), se modificaron los artículos 7 y 9 de la Ley General para la Prevención y Gestión Integral de los Residuos, esto permitió a los gobiernos estatales incorporar los residuos sólidos urbanos en procesos de generación de energía a plantas licitadas, lo que provocaría la privatización de toda una cadena de trabajo en la que participa desde el recolector de la calle hasta las pequeñas plantas de reciclaje del país.
En mayo de 2019, el Convenio de Basilea fue adoptado por 178 países, esta fue una enmienda para mejorar el control de los movimientos transfronterizos de los desechos plásticos y evitar que los países industrializados inunden a los países pobres con su basura. No es una prohibición a la importación, pero sí requiere a los exportadores el consentimiento de los países receptores.
La Enmienda entró en vigencia en enero de 2021, medio año después de los acuerdos bilaterales o multilaterales como tratados de libre comercio, como el existente en Estados Unidos, México y Canadá (T-MEC), que abren las puertas al ingreso de esos desechos y entran en conflicto con los postulados del Convenio de Basilea. México necesita de una voluntad política y una visión nueva del mundo, de ambiente, de justicia social, que privilegie la salud de las personas, los ecosistemas, la justicia social y el buen vivir, donde la industria deje de ejercer un doble estándar y llene de basura a sus comunidades”, precisa el informe.