Entre 2018 y 2020, la población en México en situación de pobreza aumentó a 55.7 millones de personas. Las mujeres presentaron los mayores porcentajes.
En esos dos años, pasó de 42.6 a 44.4% de mexicanas en pobreza, es decir, aumentó 1.8%. Llegando a una población de 29.1 millones de mujeres, frente a 43.4% de hombres.
Once Noticias conversó con José Nabor Cruz Marcelo, secretario ejecutivo del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), sobre los datos generales con respecto a las mujeres que presentó la institución en su último informe de 2018-2020.
Las mujeres fueron el sector poblacional que presentó un incremento en porcentaje de pobreza y en pobreza desagregada (pobreza moderada y extrema, por etnia y por zonas territoriales) por lo que las desigualdades continúan siendo fuertes en tres carencias: rezago educativo, seguridad social y brecha salarial.
Señaló que uno de los mayores impactos que sufrió este grupo poblacional fue en la persistente brecha salarial.
La brecha es un indicio de las dificultades que tienen las mujeres “para incorporarse, mantenerse o reintegrarse a los mercados laborales a lo largo de su vida”, según el informe. Estas dificultades están relacionadas con la masculinización de ciertas actividades y con la diferencia de la retribución económica.
Al respecto señaló que el ingreso promedio de las mexicanas es 30% menos que los hombres, según el informe de Género y Pobreza de 2008 a 2018: “es una brecha fuerte, es todo un reto para el Estado mexicano de poder ir cerrando en los siguientes años”.
José Nabor Cruz Marcelo relató que este tema no sólo se expresa en las diferencias de los puestos entre hombres y mujeres, sino también en los salarios diferenciados en donde ambos grupos desempeñan las mismas actividades laborales, principalmente en actividades del sector servicios.
Ante la crisis económica por COVID-19, que provocó una caída del Producto Interno Bruto (PIB) de 8.5%, en 2020, tuvo consecuencias en el mercado laboral mexicano, por lo que se expresó en el impacto negativo de los ingresos laborales de las trabajadoras mexicanas.
Coneval recomendó reforzar prestaciones sociales del trabajo doméstico que incluya no sólo la afiliación al IMSS, también una mayor remuneración económica y además tener otro tipo de prestaciones, por ejemplo, para atender algún accidente si llegaran a tenerlo durante su actividad laboral diaria.
El reto será cerrar progresivamente la brecha salarial, que aún es amplia. Hasta 2018, sólo 52% de las mujeres fueron económicamente activas, mientras que 83% fueron hombres.
Según el informe, las mujeres son quienes trabajan en mayor medida sin retribución económica, independientemente de su condición de pobreza. Por cada 100 hombres ocupados sin pago, hubo 141 mujeres en la misma condición, en 2018. Esta situación representa una barrera para la autonomía económica de las mujeres.
Además, las mujeres suelen responsabilizarse del trabajo doméstico y de la tarea de cuidados no remunerados, por lo que hay una distribución desigual de estas actividades. El promedio a nivel nacional del trabajo de cuidados se ubicó en 27.8 horas semanales para las mujeres y 15.2 para los hombres. En cuanto a los quehaceres domésticos, las mujeres dedicaron entre 2.2 y 3.2 veces más.
Así mismo se debe reforzar la educación sexual y salud reproductiva, ya que se presentó mayor rezago en zonas rurales. Durante una década hasta 2018, registraron un aumento de 91% de la tasa de fecundidad adolescente en zonas rurales, mientras que en zonas urbanas rondó 64%, agregó el titular del Coneval.
La pobreza de las mexicanas también incorpora múltiples factores, entre ellos, un aumento de la violencia.
En el estudio, precisó, el Coneval dio a conocer sólo resultados desagregados generales; se prevé que en los siguientes meses se presenten resultados focalizados, como el impacto de la pobreza en la población afrodescendiente.