Reportajes especiales

El limbo de repatriaciones y deportaciones de personas mexicanas, la otra cara de la migración

De enero a abril de este año, han sido repatriadas 96 mil 379 personas mexicanas desde Estados Unidos

Las deportaciones de personas mexicanas realizadas desde Estados Unidos no sólo continúan sino que han sido constantes, pese al contexto sanitario por COVID-19, el cual se decretó en marzo de 2020. Este fenómeno no es nuevo o novedoso, aunque llama la atención dada la constancia de los numerales.

De 2013 a lo que va de este año (hasta abril), se ha realizado 1 millón 992 mil 074 deportaciones de personas mexicanas desde el país del norte, de acuerdo a la Unidad de Política Migratoria, Registro e Identidad de Personas (UPMRIP), de la Segob.

El año que registró más cifras fue 2013, al contabilizar 332 mil 865 repatriaciones; casi 90% son hombres y el resto mujeres. Además 134 mil 939, de 2013 a 2022, fueron menores de edad.

Las entidades que tienen mayores cifras de repatriaciones, sólo en este 2022, son: Baja California, Sonora, Oaxaca y Guerrero.

Al respecto, María Dolores Paris Pombo, investigadora del Colegio de la Frontera Norte (El Colef), en entrevista con Once Noticias señaló que las deportaciones y retornos han presentado un aumento de cifras desde 2008, “se habló mucho que cada vez era mayor el número de deportaciones y retornos en comparación con el número de personas que migraban. Efectivamente, bajaron mucho los flujos de migrantes mexicanos que ingresaban, hasta llegar a 2011”, señaló.

Y aunque históricamente la política migratoria entre México y Estados Unidos ha sido un tema de tensión y contraste, es en los últimos años que ha tomado fuerza y ha impactado también en el aumento de las repatriaciones de la población mexicana.

Diferencias, una pausa

La investigadora y migrantóloga precisa que se debe hacer una diferencia sustancial en los términos, ya que la deportación tiene una connotación legal específica, tanto en Estados Unidos como en México.

“La deportación implica que una persona [extranjera] es devuelta y en su expulsión hay un acuerdo entre los gobiernos. Es un proceso que lleva tiempo e implica tener a la persona detenidas. Son aquellas que vivían en Estados Unidos, son detenidas, pasan tiempo en una cárcel y luego son expulsadas. Las deportaciones las realiza el Servicio de Control de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés)”, subraya.

En Estados Unidos, según indica ICE, la deportación es el proceso de remoción (expulsión). Es la salida oficial del país de una persona extranjera, cuando se ha encontrado que violó las leyes de inmigración y es ordenada por un juez. No es una salida voluntaria.

La especialista destaca que los retornos se distinguen cuando las personas son detenidas y aprehendidas por la patrulla fronteriza (Border Patrol).

Precisa que las deportaciones son en su mayoría a personas mexicanas, pero se ha ampliado a otras nacionalidades, principalmente en el contexto de la emergencia sanitaria por COVID-19.

En el caso de México, según señala el investigador Héctor Padilla (2012), en 2007, el Gobierno Federal estableció el Programa de Repatriación Humana con el objetivo de brindarles ayudas de diferente tipo (alojamiento, alimentación, transporte, cuidados médicos, etcétera).

Sin embargo, el investigador critica que ese programa llamó “repatriados” a todas las personas que retornaron, sin considerar si firmaron “de manera voluntaria” su salida de ese país o fueron deportadas, es decir, devueltas a México luego de un juicio.

Esta omisión genera algunas cuestiones, tal como asevera el investigador:

“Al omitir esa distinción, el Gobierno tiene dos propósitos. Uno es propagandístico, que al enfatizar el aspecto de la ayuda humanitaria, pretende hacer ver la llegada de esas personas como el retorno a una patria generosa que les quiere en su territorio. El otro propósito es político, pues al omitir las circunstancias en que llegan al país, evade la condena moral y diplomática hacia el gobierno estadounidense por las deportaciones; y esconde su falta de apoyo a las personas que enfrentaron juicios de deportación”, critica.

Deportaciones y memoria

La adyacencia de México con el país del norte ha sido una historia de tensión en el tema de política migratoria, principalmente, desde el lanzamiento del Programa Bracero, por la marcada preocupación del norte global por controlar los flujos migratorios.

Su relación, sin embargo, se ha sustentado en la obtención de mano de obra barata: es lo que ha llevado a Estados Unidos a implementar una lógica de control, que se relaja o refuerza, según lo dicte la administración del momento.

Un ejemplo: luego de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos recurrió a la mano de obra de personas migrantes para resolver su demanda de fuerza de trabajo requerida en el sur. Fue así que se lanzó el Convenio sobre la Contratación de Trabajadores Mexicanos para ser Empleados en Labores Agrícolas (conocido como Programa Bracero que funcionó desde 1942 hasta 1964) para contratar legalmente a trabajadores mexicanos en el sector agrícola y la construcción del ferrocarril.

Liliana Meza (Universidad Iberoamericana), en un análisis, señala que las deportaciones “casi siempre coinciden con períodos de recesión económica, que naturalmente se combinan con posiciones xenofóbicas”.

Tal como ejemplifica, una que marcó la memoria estadounidense fue la deportación masiva de 1954, cuando el presidente Eisenhower deportó a más de 13 millones de mexicanos durante la Operación “Espalda Mojada” (Operation Wetback).

En tiempos más recientes, los datos del Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés) registran que las cifras sobre deportaciones han sido constantes, por ejemplo, durante la administración de George W. Bush (de 2001 a 2009) fueron deportados 10.3 millones de personas extranjeras.

Con Bill Clinton (de 1993 a 2001) fueron deportadas 12.3 millones de personas, lo que representa un promedio de 1.5 millones de deportaciones al año. En la administración de George H. W. Bush (1989-1993) fueron deportadas 4.1 millones de personas.

En lo que refiere a la administración de Barack Obama  (de 2009 a 2012) se deportaron cerca de 3.2 millones de extranjeros, lo que implica que en promedio se deportó un total de 800 mil personas extranjeras por año, por lo que fue apodado, según líderes de la comunidad latina como “Deportador en Jefe” (Deporter in Chief).  

Y es que fue en el período de 2001 a 2010 que Estados Unidos endureció su política migratoria y redobló los esfuerzos para detener dentro de su territorio a personas migrantes indocumentadas de origen mexicano, principalmente.

Panorama complejo en la actualidad 

Paris Pombo advierte a Once Noticias que con el contexto sanitario por COVID-19 y el cierre de fronteras, las personas detenidas en la frontera fueron expulsadas, a través del Título 42, en su mayoría eran de origen mexicano.

“Ahora se ha equilibrado con otras poblaciones, pero a partir de 2021 ha aumentado el número de mexicanos que intentan migrar hacia Estados Unidos, son expulsados en varias ocasiones y eventualmente lo logran”, indica la doctora.

La especialista agrega que uno de los problemas que prevalecen es que no se respetan los acuerdos que se han hecho para seguir la repatriación segura:

“Las repatriaciones se hacían de acuerdo con un memorándum para repatriación segura y ordenada de personas mexicanas por ciertos puertos de entrada terrestre. En realidad, las expulsiones se hacen a la hora que quieran, por ejemplo, con las repatriaciones de mujeres se había llegado a un acuerdo con sociedad civil, para que no las hicieran a medianoche en lugares peligrosos. Pues las expulsiones las hacen a la hora que quieren y por donde quieren. Hubo un campamento temporal en Algodones, en el nororiente del estado, de familias expulsadas ni presencia del Instituto de Migración había, nadie los registra”, critica.

Además resalta que hay un fenómeno preocupante: el aumento del número de mexicanos y mexicanas desplazadas por la violencia en sus entidades, que se ubican principalmente en Tijuana y Ciudad Juárez, quienes solicitan asilo, pero con la aplicación del Título 42 se han visto obstaculizados para lograrlo.

“Prácticamente la frontera sigue cerrada. Tenemos una población flotante muy grande de solicitantes de asilo, mexicanos y centroamericanos, que están bloqueados en la frontera por los sistemas de asilo de Estados Unidos”, denuncia.

 

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