Reportajes especiales

Perspectivas de una mujer sustentable sobre la COP26

Sandra Guzmán, fundadora y coordinadora de GFLAC, enalteciendo la intervención de la mujer en toma de decisiones para un mundo mejor

“Históricamente, el proceso de la convención había tenido un liderazgo muy importante por parte de las mujeres; pero no fue sino hasta que Christiana Figueres se convirtió en la secretaria ejecutiva de la convención (de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático), que las mujeres empezaron a tomar un rol importante en la discusión de la COP”, expresa orgullosa Sandra Guzmán, fundadora y coordinadora del Grupo de Financiamiento Climático para Latinoamérica y el Caribe (GFLAC).

Hablar con Sandra Guzmán es enriquecedor y siempre queda mucho por decir. Desde Londres, Inglaterra, donde actualmente radica, compartió con Once Noticias Digital su experiencia y anécdotas en la reciente COP, enalteciendo -además- la intervención de la mujer en toma de decisiones para hacer de este mundo un lugar mejor.

Doctora por la Universidad de York y con amplia capacidad en gestión en política energética y ambiental, Sandra dice que antes, el papel de la mujer en espacios de esta envergadura era “tras bambalinas”.

“¿A qué me refiero con que las mujeres han tenido un rol técnico, por decirlo de una manera? Siempre los representantes y líderes políticos eran hombres. Y desde que Christiana llegó, hubo más participación de las mujeres, ya no como técnicas ni tras bambalinas, sino al frente, tomando decisiones e impulsando acuerdos. Se puede decir que el acuerdo de París, uno de los grandes resultados de un proceso muy amplio, fue liderado por mujeres de muchas índoles, que impulsaron que este acuerdo llegara a su objetivo”.

Desde su punto de vista, las mujeres siempre estaban ahí pero no se les evidenciaba. “La convención ha avanzado en temas de género, que ya no tiene que ver sólo con la representación de las mujeres en el proceso de cómo lograr que la acción climática venga con una perspectiva de género, sino para lograr que las intervenciones que  hagamos no incrementen la brecha de desigualdad entre hombres y mujeres, sino aceleren el intercambio desde una perspectiva positiva”.

Al ser la primera mexicana en participar en el Homeward Bound, proyecto de fortalecimiento de mujeres en la ciencia con misión a la Antártida, cuenta con una visión amplia del papel femenino a nivel mundial.

“Hay una plataforma de género que se acordó desde Madrid y que ahora avanzó en sus reglas, entonces ya va a haber un proceso de política asociado a género y cambio climático que necesita ser implementado a nivel nacional para que haya más mujeres que sigan participando”.

“Y no sólo por una cuota de género, sino porque las mujeres representamos 50% de la población del mundo; es porque lo que tengamos que decir va ayudar a tomar mejores decisiones. No porque seamos mujeres, sino porque tenemos experiencias, necesidades y vivencias diferentes que son complementarias a las de los hombres; es hacer política pública con enfoque de género”.

¿Qué aspectos positivos y negativos halló en la COP26?

Con aproximadamente 15 años de experiencia en el estudio del cambio climático y como representante de la sociedad civil y asesora de la delegación oficial mexicana en diversas conferencias, es inherente conocer sus opinión sobre lo “bueno” y no tan bueno en la COP 26.

“Es difícil pensar que en una COP se van a resolver los problemas asociados al cambio climático. La convención se creó en 1992  y desde 1994, ha venido celebrando estas conferencias año con año y, obviamente, cada año se espera que haya avances importantes”.

Para Sandra, la COP 26 fue compleja por el contexto de la pandemia. Eso motivó el retraso en conversaciones estratégicas a nivel internacional.

“Esta COP, venía arrastrando procesos importantes, sobre todo, para cerrar los acuerdos de la COP de París, donde se esperaba establecer metas, procesos y avanzar y cerrar pasos importantes”.

No obstante, un aspecto que consideró positivo fue estabilizar las emisiones de gases de efecto invernadero, a fin de evitar el aumento de 2 grados centígrados que idealmente es de 1.5.

“A simple vista, no hay mucha diferencia entre ambos. Pero en un escenario de 2 grados centígrados, estaríamos perdiendo 99% de los corales marinos; y en el de 1.5 grados centígrados, estaríamos hablando de 70%; entonces, medio grado sí puede hacer la diferencia en el contexto internacional; por eso, en la COP, el 1.5 se mantiene como tema estratégico”, precisó.

Otro aspecto a tratar fue que hay un reconocimiento de que las medidas que algunos países desarrollan, a través de sus contribuciones, no son suficientes para estabilizar las emisiones en ese 1.5.

“Lo que hoy se refleja a través de estos compromisos, nos llevaría a un escenario de 3.5 grados centígrados; de ahí la importancia de que este 1.5 se mantenga vivo en el texto y en los acuerdos. Un punto positivo más, son los temas de mitigación y adaptación”, indicó la experta.

Para comprender estos términos, la especialista explica que la mitigación se enfoca a las actividades que ayudan a reducir las emisiones; mientras que la adaptación, son medidas que ayudan a adaptarnos a los impactos negativos del cambio climático.

“Y, aunque ambas son igual de importantes, siempre se ha defendido más a la mitigación por este sentido de urgencia. Ahora más que nunca la adaptación se vuelve crítica. Esto ya se puso por primera vez en la mesa de discusión, sobre todo, en materia de financiamiento”, agregó.

Otro tema limitativo, pero positivo para la experta fue el contexto de que los combustibles fósiles son las principales causas de las emisiones de gases de efecto invernadero.

 “Nunca había habido una mención en el texto y ello tiene que ver con reducir la producción de carbón, antes se decía que ´iba a salir el carbón´, ahora se dice ´reducir´”.

Lo negativo

Para Sandra, las necesidades que trae la COP son limitativas.

“Esta COP era particularmente importante por el tema del financiamiento; se esperaba que el compromiso de los 100 millones de dólares de transferencia de recursos de países desarrollados a países en desarrollo se cumplieran a partir del 2020, no fue así; es más, los países (que hicieron ese compromiso) dijeron que van a poder cumplir hasta 2023. Entonces hay una señal negativa de un compromiso que se gestó desde hace 12 años, pero que al menos se impulsará para que se ponga en marcha”, expresó.

Se reconoció que estos 100 millones de dólares no son suficientes, por lo que se estableció un plan para fijar una nueva meta de financiamiento.

“Uno de los problemas es la lentitud; son 197 países que tratan de estar de acuerdo, lo cual es muy difícil. Los pasos son lentos a la luz de la emergencia climática”.

Desde su óptica, el llamado es traducir los acuerdos internacionales en nacionales, para acelerar la acción, en donde, precisó, entra la participación de sectores público y privado, de la academia, así como de todos los actores involucrados en la transición a disminuir las emisiones contaminantes.

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