Marco voltea a su alrededor, revisa que nadie esté cerca de él,
levanta su teléfono, se va a la carpeta “especial” y abre Grindr, una aplicación denominada
geosocial por generar contactos a quien la tenga descargada, mediante criterios de
localización, preferencias, gustos y aficiones. Es
específicamente para personas homosexuales o bisexuales.
Actualmente esta plataforma, que
nació en 2009, cuenta con 13 millones de personas conectadas, mismas que se
consolidaron gracias al encierro por la pandemia de COVID-19, buscando otras formas de consolidar
“ligues”, pláticas o simple distracción; según dio a conocer la plataforma en diciembre de 2020.
“Aunque en esta
app es
normalizada la búsqueda de sexo, pese a que se diga que se está en
busca de una relación estable, la gente normalmente
termina sólo intimando. Yo me sentía contento porque
hace cuatro años conocí a mi pareja por esta vía. Duramos todo ese tiempo y jamás tuvimos problemas de los que suelen desencadenarse por haber sido ‘Grindr’ el punto de partida:
infidelidades, relaciones abiertas, o hasta fraudes y hasta estafas. Realmente fuimos muy felices, pero como todo en este mundo, todo buen inicio tiene un esperado desenlace”, comenta Marco, quien dio fin a su relación a mediados de 2021.
De acuerdo con un informe de la
Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos, en 2020, las “estafas románticas” a través de estas plataformas causaron pérdidas para los usuarios por 304 millones de dólares,
cifra 50% mayor al año previo.
A la
búsqueda de más contactos, incluso una relación estable, Marco, profesionista y con trabajo, quiso
seguir la ruta de hace casi un lustro: descargar la aplicación con la aspiración de ser “flechado por Cupido”, pero el resultado no fue el esperado.
“Todo va bien con los perfiles que me llaman la atención. Supuestamente ellos también buscan algo estable. De hecho pasamos hasta horas conversando sobre temas en los que conectamos. Todo parece ir bien, hasta que llega el momento que, ahora sé, es el decisivo: mostrar mi foto”, relata.
Según la
Scientific Electronic Library Online, “
la gordura se asocia con un modo de vida rechazable en el que, a través de la infantilización y medicalización,
se considera a estas personas como vagas, carentes de motivación y autoestima e incapaces de sacrificio y perseverancia. Asimismo, en el caso de los hombres se ha destacado recientemente cómo la gordura
se interpreta socialmente como una feminización”, profundiza el artículo “Grindr y la masculinidad hegemónica: aproximación comparativa al rechazo de la feminidad”.
En el caso de Marco, quien padece sobrepeso, mas no obesidad (85 kilos, mide 1.70 m), se ha encontrado con una situación curiosa que va más allá del aspecto que pueda dar.
“Les mando una foto donde estoy de perfil, acto seguido, me bloquean. Echan a la basura los días, horas o minutos que llevábamos hablando de temas interesantes. Dicha actitud me suena rara. Más cuando ellos son personas que también tienen peso mediano y físicamente menos atractivas que yo. Pareciera que temen a alguien con sobrepeso, o que ése es el disfraz para evitar cualquier tipo de vínculo”, explica Marco.
Según la Encuesta Nacional sobre Discriminación de 2017, del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en México, dos de cada 10 personas adultas han considerado haber recibido algún tipo de discriminación. Ésta va desde la
edad, las creencias religiosas, la forma de vestir o el arreglo personal, la estatura y el peso. Sobre esto último, las
personas con sobrepeso se enfrentan a la ‘gordofobia’, un tipo de
discriminación que tiene mayor impacto en las mujeres debido a la prevalencia de los
estereotipos sobre los ideales corporales, lo que se considera violencia estética.
El artículo de la
Scientific Electronic Library Online agrega que
“la experiencia de la gordofobia de los hombres está marcada por el sexismo y el rechazo de lo que se considera el modelo hegemónico del varón activo y capaz físicamente. Hay
tres discursos que vinculan a los hombres gordos con la feminidad: la
‘feminización química’, por la que se considera que estos hombres poseen mayor nivel de estrógenos en sus cuerpos; la
‘gordura como castradora’, que remite a la creencia de que el hombre gordo posee menos capacidad sexual, así como un pene más pequeño. Por último,
el desarrollo del pecho como la muestra evidente de la relación entre la gordura y la feminidad”.
Y es que, en los perfiles de
Grindr “se hace evidente
cierta autoproyección de la masculinidad. Los usuarios reconocen y valoran de tal manera su identidad genérica que la proyectan como su objeto de deseo en una
especie de narcisismo en el que el objetivo principal se basa en evadir, por todos los medios posibles, tanto la contaminación como la atracción por lo femenino”, explica Iván Gómez Beltrán, autor de “Grindr y la masculinidad hegemónica: aproximación comparativa al rechazo de la feminidad”.
La de Marco no es una historia aislada, y menos el patrón que presenta por la situación origen de su circunstancia.
“Una
persona con sobrepeso y obesa puede sentirse menos importante que los demás, ya que esas personas
suelen considerarse menos atractivas desde el punto de vista estético. Por este motivo, las personas con sobrepeso u obesa
pueden sentirse excluidas y tener problemas de autoestima, sufrimiento emocional y suelen llegar a la depresión. Esto puede provocar que
se aísle del mundo exterior para evitar mostrarse en público, lo cual le llevaría a un estado depresivo aún más grave”, menciona el artículo “Diferencias en comportamientos de riesgo y problemas en personas con sobrepeso y obesos”, de la
Revista Electrónica de Psicología Iztacala. La solución, entonces, sería la
autoaceptación y la tolerancia para lograr sus expectativas afectivas.
Marco
no se da por vencido. Cada que supera –un poco– la decepción de haber sido bloqueado,
vuelve al modus operandi: espera a que nadie le vea, toma su teléfono, va a la carpeta “especial”, abre Grindr y la historia vuelve a iniciar.
“Siempre espero que ahora sí llegue la persona correcta, la esperanza muere al último. Voy al gimnasio, hago dieta, pero no bajo de peso porque ésta es mi complexión. Pareciera que este mundo sólo está hecho para quienes se saben decir delgados, aunque muchos no lo son –como muchas otras concepciones de la estética–, realmente”, sentencia.