La exposición “La fotografía lo cambia todo, fotografía documental de Antonio Turok y José Ángel Rodríguez” reúne el trabajo de ambos creadores de la imagen cuyo trabajo ha documentado los sucesos más relevantes de la entidad a largo de 40 años. La retrospectiva es parte del programa de exposiciones que impulsa Bat’si Lab, una plataforma que promueve el trabajo fotográfico en Chiapas.
La casa de La Enseñanza, ubicada en el corazón del centro histórico de San Cristóbal de las Casas, alberga en una de sus salas la retrospectiva de Turok y de Rodríguez. El recinto que fungió como escuela para mujeres, escuela primaria y de oficios, a principios del Siglo XX, hoy es un espacio cultural, en cuyas paredes neoclásicas se cuelgan rostros y cuerpos de seres y sucesos que se resguardan en la eternidad de la imagen.
Un zoom
El trabajo de Rodríguez y Turok expone una narrativa fotográfica que se distingue por su valor estético, pero también por su valor social y documental. Sus imágenes son fieles testimonios de los sucesos que han marcado a una entidad dolida, ambivalente, olvidada.
Y es que ambos fotógrafos, pese a no ser originarios de la entidad, han logrado arraigarse a ella. En cada fotografía se expresa un momento íntimo y de relación constante, aunque no menos tensa, con ese lugar que atrae, retrae, incomoda, sacude.
José Ángel Rodríguez dijo a Once Noticias que es originario de Durango, aunque su espíritu migrante, característico del quehacer fotográfico, lo llevó a la Ciudad de México y después, invitado por Antonio Turok, llegó a Chiapas.
El fotógrafo comentó que los une una larga amistad que data desde los setenta. Sin embargo, Antonio Turok, llegó en 1973 a la identidad y Rodríguez lo hizo unos años más tarde. Al respecto recuerda que “Don Manuel [Álvarez Bravo] se fue a Francia, en 1979, y me dio vacaciones, entonces vine a visitar a Antonio, en julio de 1979. Entonces, si hacemos cuentas, ya son 42 años hace que yo llegué acá. El siguiente año me vine a vivir a San Cristóbal. Pusimos un cuarto oscuro, rentamos una casa y empezamos a recorrer la entidad”.
Rodríguez fue discípulo y ayudante de Manuel Álvarez Bravo. Al rememorar esos lejanos días dijo que era muy joven, estaba en la preparatoria. Ese momento fue determinante porque ahí aprendió el oficio fotográfico, primero la ‘alquimia’ detrás del proceso y después accionó el ojo.
Al charlar sobre el significado de la fotografía en su vida, José Ángel afirmó que “para mí la fotografía es todo”.
La búsqueda de la narrativa del fotógrafo se basa no sólo en el relato de la imagen sino también la práctica y el diálogo. José Ángel tiene una práctica distintiva: suele devolver las fotografías a los protagonistas de sus imágenes. Al respecto precisó que él las devolvía porque se las pedían.
Era muy difícil porque era un proceso muy complejo, no podías cargar con el cuarto oscuro”, señaló. Fue así que cargó con una cámara instantánea con la finalidad de tomar fotos y dárselas a las personas.
Otras veces regresaba a la ciudad y después de imprimir la fotografía, volvía al lugar para buscar a las personas y darles su impresión, aunque pasaran años, tal fue el caso de una mujer guatemalteca que retrató cuando estuvo refugiada en la entidad y luego volvió a su lugar de origen.
De Centroamérica a México y viceversa
Antes de asentarse en Chiapas, José Ángel Rodríguez ya había viajado por otras partes de México y había documentado la vida ritual y ceremonial de los pueblos originarios. Sin embargo, la entidad le resultaba muy atractiva e interesante porque “la región maya es muy atractiva como fotógrafo”, señaló.
La colonización de la Selva Lacandona, el desplazamiento de las personas refugiadas guatemaltecas, el movimiento zapatista y la crisis humanitaria migratoria de Centroamérica son sólo algunos de los temas que atraviesan las imágenes de estos fotógrafos, cuyos ímpetus se abordan con sus respectivas perspectivas.
Entre los trabajos más sobresalientes de ambos fotógrafos es el que realizaron en Centroamérica, principalmente en Nicaragua y el Salvador, en los contextos de la efervescencia política y social de la década de los ochenta. En Nicaragua sus trabajos se realizaron durante los primeros años del triunfo de la Revolución Sandinista.
Los primeros meses de 1980, conocimos en San Cristóbal (mi compañera y yo) a una persona nicaragüense. Nos invitó a ir. Antonio fue con nosotros. Fuimos a hacer un reportaje de la costa Atlántica y al primer aniversario de la Revolución, el 19 de julio de 1980. Estaban los principales líderes del socialismo”, recordó el fotógrafo.
Dijo que su recorrido por la Costa Atlántica fue para documentar y conocer a los pueblos indígenas de la región: los zumos y los mizquitos. Esa visita duró tres meses, pero luego sus visitas fueron constantes. Entre sus imágenes y trabajos, por ejemplo, resalta el que realizaron sobre las prisiones en aquel país.
El fotógrafo también documentó a las personas refugiadas de Guatemala, a principios de los ochenta, que llegaron a la entidad huyendo de la guerrilla, el impacto petrolero en Chiapas, la colonización de la selva Lacandona, la vida ritual de los pueblos indígenas y el levantamiento del EZLN.
La exposición se encuentra en La Enseñanza Casa de la Ciudad ubicada en Belisario Domínguez 13, Centro Histórico de San Cristóbal de las Casas.