
El nuevo milenio ensombreció a Nicaragua con la cicatriz de un pasado inmediato que no hizo más que tornarse al rojo vivo desde 1999. El pacto obtuvo nombre propio: “Alemán-Ortega”. Se trató de un acuerdo entre el expresidente Arnoldo Alemán (1997-2002) y el líder sandinista Daniel Ortega. Así fue como se instauró un sistema bipartidista. Este 2021, Ortega ha cumplido 14 años continuos en la presidencia del país centroamericano. En medio de una fuerte crítica –tanto nacional como internacional– por la gestión de la crisis de COVID-19, la represión que desde hace unos años tiene encerradas a decenas de presos políticos, la evidente censura a los medios de comunicación, y el propio rechazo de sus ciudadanos, no han sido ninguna barrera para que Ortega se perfile como el presidente que ha de arrancar en 2022, con un periodo establecido de cinco años, pero con derecho a reelección indefinida; y al que han de elegir sus votantes este 7 de noviembre. Ante la ausencia de observadores electorales de la Unión Europea (UE) y la Organización de Estados Americanos (OEA), no invitados por el propio gobierno nicaragüense, “los propios ciudadanos no reconoceremos las elecciones. Sumado a ello, corremos el riesgo de que otros países tampoco hagan válidos los comicios en caso de ganar Ortega. Incluso el gobierno de Joe Biden ya dejó claro que revisará la participación de Nicaragua en el Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, Centroamérica y República Dominicana (Cafta)”, explicó Alfonso, periodista nicaragüense exiliado en México y quien lleva desde fuera el seguimiento a la situación en su país.
Resultados amañados
Exguerrillero y mandatario por quinta ocasión, Daniel Ortega parece no tener contrapesos en su reelección. Con aliados como su propia esposa, Rosario Murillo, quien actualmente es vicepresidenta del país, “nos queda claro que será él el ganador. Entre ciudadanos e incluso algunos medios se habla de una elección amañada. De hecho, ellos mismos, Ortega y su equipo, lo han dicho: ‘Los resultados ya están, ya ganamos’; sólo falta que sea 7 de noviembre para hacerlo oficial”.“Otro punto son los contrincantes. No hay oposición. Los que en este momento están son absolutos desconocidos, sin carrera política. Se trata de partidos de ‘relleno’, que en Nicaragua le llamamos ‘partidos zancudos’; existe el caso incluso de uno que hasta tiene historial por fraude. Entre los candidatos a diputados, por ejemplo, hay un médico acusado de negligencia”.Además de presidente, este domingo 7 de noviembre, Nicaragua elegirá a 90 diputados de la Asamblea Nacional de Nicaragua y 20 diputados del Parlamento Centroamericano. Tal como lo expone Alfonso, los candidatos están bajo la sombra de un claroscuro que sólo deja visualizar una cifra de al menos 39 opositores encarcelados. “Éste ha sido un año electoral marcado por la detención de opositores detenidos. La mayoría de los candidatos opositores que figuraban o tenían cierta simpatía de alguna gente, están en la cárcel: con juicios pendientes, en detenciones irregulares, y bajo tortura psicológica, principalmente”.
“La mayoría se encuentra en aislamiento y con mala alimentación. Hay historias sobre un opositor que tienen encerrado en una celda de 3 x 3 en completa oscuridad. A otro con luz encendida las 24 horas del día. Los dejan salir una vez a la semana a asolearse. Además, no les permiten hablar entre ellos. Entre los detenidos hay presos políticos como una abogada y hasta un exembajador. Ése es el panorama electoral bajo el que se llevarán a cabo las elecciones”, explica el periodista.
Desencanto social
El Consejo Supremo Electoral de Nicaragua dio a conocer que más de 4.4 millones de nicaragüenses están aptos para votar en las elecciones generales del 7 de noviembre. “Pero la gente está decepcionada, harta, y desinteresada. Está claro que Daniel Ortega ‘ganará’ las elecciones. Los candidatos-opositores prometedores están en la cárcel. La gente sabe que se ve venir un fraude. Tenemos una boleta electoral llena de ‘candidatos zancudos’. No habrá observadores externos ni prensa internacional”, detalla Alfonso.“La gente dice que no tiene sentido salir a votar. De hecho, hay una campaña que promueve encerrarse en casa y no salir a emitir el sufragio”.Incluso, la Consultoría Interdisciplinaria en Desarrollo, conocida también como CID Gallup, reveló la desaprobación sobre la labor de Daniel Ortega al frente del gobierno, ha crecido de forma rápida en los últimos cuatro meses. 69% de los nicaragüenses opina que Ortega “hace poco o nada” por Nicaragua. El porcentaje de desaprobación está 23 puntos porcentuales arriba, sobre la última encuesta realizada en mayo. Solo 29% de los consultados aprueba la actuación del mandatario. A pesar de esos datos, la continuidad del gobierno de Ortega es inminente.
¿Qué es lo que viene?
El cuestionamiento internacional causará efectos inmediatos.“Tras el seguro triunfo de Ortega, se esperan dos acciones: que una serie de países, principalmente Estados Unidos y europeos, desconozcan el resultado de la reelección. Seguramente declararán ilegítimo su gobierno. Por otro lado, organismos como la OEA desconocerán ese resultado y ‘sancionarán’, de alguna manera, el régimen; podría ser que incluso sacándolo del organismo como Cuba; o de otra forma”.“Lo más seguro es que el nuevo periodo de Ortega enfrente mucha presión, económica principalmente. Eso llevaría a reformas o cambios internos que causarían acciones como mayor desempleo y el incremento en la migración. En los últimos meses, Nicaragua ha enfrentado una ola de gente yéndose y ya no sólo a Costa Rica, sino a Estados Unidos de forma irregular. Eso es probable que aumente”, puntualizó Alfonso.