Valle de México

Organillero, el oficio que el COVID-19 no pudo matar

Se han vuelto migrantes en su ciudad, obligados por las circunstancias, son los organilleros, esos músicos perdidos en el tiempo que recorren las calles con sus uniformes del ejército de Pancho Villa.

Hoy exploran a detalle sus antiguos centros de trabajo con la misión de conseguir esas monedas que hacen la diferencia entre comer o regresar a casa con el estómago vacío.

 

Lo que agarrábamos antes de la pandemia era tianguis, mercados públicos, zonas donde veíamos que pasaba mucha gente, zonas populares. al no haber todo eso empezamos en esas mismas colonias donde íbamos a los mercados y a pasar entre las calles’’, aseguró el organillero, Luis Román Dichi.

Y también se ven obligados a peregrinar más con su instrumento a cuestas, que pesa entre 25 y 40 kilos.

 

Si normalmente eran cinco o 6 km al día, ahora son ocho o 10’’, aseguró el organillero, Luis Román Dichi.

En el país hay unos 800 organilleros que mantienen vivo un oficio que llegó a México en 1890, en plena época porfiriana, procedente de Alemania.

La mayoría radican en la capital, pero otros como Gabriel han llevado la tradición a provincia él toca en Tijuana en “Horario Covid”, como le llama cuando se acerca la medianoche.

Por su parte, el organillero Gabrie Rivera, dijo que: “me queda media hora, 40 minutos de trabajo y esto es porque debido a los horarios de trabajo cambiaron: los horarios de escuelas, las escuelas en línea, en este horario ya no interfiero yo en sus labores día a día y la gente lo agradece y me sigue apoyando’’.

La música de los organilleros suena a nostalgia, esta la razón por la que muchos se acompañan de un monito de peluche, recuerdo de otras épocas, cuando esos animales pedían la cooperación del público que los escuchaba en las plazas.

Estos viejos armatostes repiten las mismas ocho melodías todos los días entre las que no faltan las mañanitas, Las Golodrinas y la Bikina, por ejemplo, podrían tocar ritmos modernos, pero programarlos cuesta demasiado.

 

Es costoso cambiarle la melodía a un rollo, estamos hablando de 2 mil o 3 mil dólares, el dueño también vive de esto y muchas veces no hay dinero para invertir en hacer ese cambio’’, aseguró el organillero, Luis Román Dichi.

Alemanes, italianos y franceses se disputan la paternidad del organillo. como decíamos, a México llegó procedente de Alemania, donde hoy los organilleros son una especie en extinción.

 

Es tan triste, este bien cultural que para Berlín es de gran relevancia, somos la capital secreta y a lo mucho veo un organillero en ciertos puntos turísticos máximo, me pongo muy triste, pero al mirar hacia la Ciudad de México, están en todos los lugares centrales’’, aseguró Orgel Siggi, organillero de Berlín Alemania.

Además, los organilleros mexicanos aprendieron a reparar sus instrumentos, porque no hay talleres dónde llevarlos ni maestros que los instruyan, es un oficio siempre amenazado por los tiempos modernos, pero mientras reciban la moneda generosa, ellos seguirán tocando, dicen.

 

 

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