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Phishing entra en vigor como delito en CDMX

FOTO: PEXELS

El Congreso de la Ciudad de México incorporó el phishing como delito en el Código Penal local, con sanciones de hasta seis años de prisión para quienes engañen a personas mediante medios digitales con el objetivo de obtener información personal, financiera o contraseñas.

La reforma, publicada en la Gaceta Oficial el 22 de julio de 2026 y vigente desde este jueves, busca cerrar el vacío legal que dificultaba perseguir estos fraudes al tener que clasificarlos bajo otros delitos. 

La reforma adiciona una fracción al artículo 231 Bis del Código Penal capitalino y establece que comete este delito “quien, mediante engaño digital, aplicaciones, correos electrónicos, mensajes de texto o cualquier otro medio tecnológico que aparente ser legítimo, engañe a una persona para obtener datos confidenciales con el propósito de obtener un beneficio indebido”.

FOTO: GACETA OFICIAL CDMX

Las personas responsables podrán recibir multas de 200 a 600 Unidades de Medida y Actualización (UMA), equivalentes a entre 23 mil y 70 mil pesos, además de estar obligadas a reparar el daño ocasionado a las víctimas.

Estas sanciones aumentarán hasta en una mitad cuando el fraude afecte a personas adultas mayores o personas con discapacidad, considerados grupos con mayor vulnerabilidad ante este tipo de engaños digitales.

Con esta reforma, la Ciudad de México refuerza su marco jurídico en materia de ciberseguridad y brinda a las autoridades una herramienta específica para investigar y sancionar el phishing.

¿Qué es el phishing?

El phishing es una técnica utilizada por ciberdelincuentes para engañar a las personas y obtener información confidencial, como contraseñas, datos de tarjetas bancarias, números de cuenta o información personal, de acuerdo con la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Este tipo de fraude suele realizarse mediante correos electrónicos falsos o sitios web que aparentan ser legítimos. Los mensajes pueden incluir contenido convincente o amenazas para generar preocupación en la víctima y llevarla a abrir archivos, ingresar datos o completar formularios.

Aunque el correo electrónico continúa siendo uno de los principales medios de ataque, los intentos de fraude también se han extendido a redes sociales y otras plataformas digitales.

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