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Gianni Infantino, reelegido como presidente de la FIFA

Los estatutos de la organización de Zúrich prevén ahora tres mandatos de cuatro años como máximo, por lo que Infantino ya ha preparado el terreno para seguir hasta 2031.

El ítalo-suizo Gianni Infantino fue reelegido por cuatro años más al frente de la FIFA, un puesto que ocupa desde 2016, ahora con la visión de una era de superlativos, buscando inflar las competiciones y los ingresos.

“Necesitamos más y no menos competiciones mundiales para desarrollar el fútbol”, resumió el dirigente de 52 años en el 73 Congreso de la FIFA en Kigali.

Infantino fue reelegido por aclamación, por las 211 federaciones miembro, igual que le ocurrió en su anterior reelección de 2019. Si bien este sistema no permite contar las voces discordantes, las federaciones noruega, alemana y sueca hicieron saber que no le habían apoyado.

Noruega reclama, además, un balance de los fallecidos en las obras del Mundial de Qatar 2022 y su indemnización, aceptada por la instancia.

Pero los descontentos con Infantino no habían podido buscar una entente sobre una candidatura opositora y el que fuera hombre de confianza de Michel Platini en la UEFA (2009-2016), elegido de forma inesperada al frente de la FIFA en febrero de 2016, tras una cascada de escándalos, se aseguró quedarse en la cima del fútbol mundial al menos hasta 2027.

Ser presidente de la FIFA es un honor increíble, un privilegio inmenso y una enorme responsabilidad. Me honra y me conmueve su apoyo y les prometo que seguiré sirviendo humildemente a la FIFA, al fútbol de todo el mundo y a las 211 federaciones miembro” señaló Gianni Infantino.

Poder redistributivo

Si los estatutos de la organización de Zúrich prevén ahora tres mandatos de cuatro años como máximo, Infantino ya ha preparado el terreno para seguir hasta 2031, declarando a mediados de diciembre ocupar “todavía en mi primer mandato”, ya que su período de 2016-2019 estaba incompleto.

El horizonte parece despejado para el jurista de cráneo liso, que afirmó este jueves que quiere “hacer del fútbol algo verdaderamente mundial” y parece buscar frenar la hegemonía deportiva y económica del fútbol europeo, gracias a los programas de desarrollo de la FIFA, dopados con ingresos crecientes.

Como hace cuatro años, puede mostrar un balance financiero sólido, con un alza de 18% de los ingresos y 45% más de reservas en el ciclo 2019-22 con respecto al precedente, lo que permite a la FIFA aumentar todavía más sus subvenciones a las confederaciones y federaciones, la clave de su sistema redistributivo y electoral.

Y es que la organización acuerda los mismos montos a Trinidad y Tobago, Bermudas o Papúa Nueva Guinea que a Brasil o a Alemania, ya que cada una de las federaciones dispone de un voto en el Congreso.

Si el presidente contenta a las 35 asociaciones de América Central, con muchas pequeñas islas del Caribe, o a las 54 federaciones africanas, puede permitirse plantar cara a las potentes naciones europeas, como cuando planeó un Mundial bienal, antes de renunciar a ese proyecto, el año pasado, o al prohibir a un puñado de selecciones llevar un brazalete inclusivo con la frase “One Love” en el Mundial qatarí, para defender los derechos de la comunidad LGBTIQ+.

Fracturas del fútbol

En el lado de la gobernanza, su último mandato estuvo marcado por una vasta reforma de traspasos, por la institución de una baja por maternidad para las futbolistas profesionales, así como por reglas de proceso disciplinario más protectoras para las víctimas de violencias sexuales.

Ahora, los principales trabajos de los próximos años están en marcha, comenzando por el paso del Mundial masculino de 32 a 48 equipos a partir de la edición 2026, organizada por Estados Unidos, Canadá y México, decidida en 2017 y cuyo formato fue fijado el martes.

También el aumento de 24 a 32 equipos del Mundial femenino de este mismo año (en Australia y Nueva Zelanda), con una dotación aumentada en 300% hasta los 150 millones de dólares. Al optar por una fase de grupos con 12 llaves de cuatro equipos, el torneo pasará de 64 a 104 partidos, un mastodonte esculpido para hacer explotar los ingresos de billetería y atraer a más difusores.

Más delicado, la FIFA decidió el 16 de diciembre pasado ampliar su Mundial de Clubes de un formato anual de siete equipos a una competición cuatrienal de 32 conjuntos a partir de 2025. Un proyecto que Infantino trata de poner en marcha desde hace tiempo para competir con la lucrativa Liga de Campeones de la UEFA, pero que se anuncia como difícil a insertar en el calendario.

Pero esta carrera por la expansión podría despertar fracturas en el fútbol. El miércoles, el Foro Mundial de Ligas (WLF), que reagrupa a unos cuarenta campeonatos, denunció decisiones “sin consultar”, que perjudican todavía más a un calendario ya sobrecargado y no tienen para nada en cuenta el impacto en la competitividad de las ligas domésticas y la salud de los jugadores. 

El WLF, como su homólogo European League, que reagrupa a los campeonatos europeos, va a “decidir” la respuesta “más apropiada”, dejando planear la amenaza de una acción judicial.

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