El estrés crónico incrementa hasta 43% el riesgo de sufrir un infarto cardíaco. Así lo advierte un estudio realizado por la Universidad Imperial de Londres en este mes de octubre, el cual analizó los expedientes clínicos y los factores socioeconómicos de 480 mil personas.
Durante esta investigación se identificó que el estilo de vida de las personas con menores ingresos, sumado a una constante presión psicológica, genera una inflamación sistémica silenciosa que altera la estructura del corazón y afecta el flujo sanguíneo.
El estudio también reconoció a las proteínas vinculadas a estos cambios cardiacos, para las cuales existen actualmente medicamentos, es decir, podrían atenderse si se identifica un problema a tiempo.
“La masa grasa del tronco, el tabaquismo actual, el malestar psicológico y un nivel socioeconómico bajo fueron los determinantes más fuertes de los niveles de glicoproteínas acetiladas (GlycA)”, señala el análisis.
Los especialistas indican que la inflamación a largo plazo está relacionada con cambios perjudiciales en la estructura y el funcionamiento del corazón, y aumenta el riesgo de sufrir un infarto o un accidente cerebrovascular, incluso en personas sin enfermedades cardíacas conocidas.
