La fuente policiaca de los periódicos en la Ciudad de México se cubre con un grupo de reporteros llamados “Los 11’s”. Julio Vargas es reportero gráfico desde 1962 y comenzó en la nota roja al final de esa década.
Me llamaban a trabajar en algunos periódicos, pero querían que estuviéramos de tiempo completo y pues a mí me gustaba tener la libertad de cubrir lo que a mí me gustara. (A) la nota roja, entré como todos los compañeros, cuando del periódico nos mandaban a la Cruz Roja para hacer la guardia”.
Ahí había una ambulancia asignada a los fotógrafos de la base. Era la R-11, que después se volvió la clave para los fotoperiodistas. Según Julio, hay al menos cuatro generaciones de periodistas en la nota roja y, aunque el tiempo pasó, algunos los siguen reconociendo como “Los 11’s”.
La precarización del trabajo periodístico, según señala Julio, es a partir del 2000, cuando el acceso a la información y derechos laborales se perdieron.
Los medios ya no te quieren dar las prestaciones de ley, un seguro médico, tu jubilación, y, en muchos lugares, ni un sueldo digno. Nos convirtieron en trabajadores informales. En las redacciones nos tratan como los apestados. A pesar de que los años han pasado, no le tienen respeto al trabajo de los que están en la calle. No es lo mismo un escritorio que salir a partirte la espalda”, aseguró Julio.
Durante la época de la digitalización en los medios de comunicación mexicanos, se han recortado personal cada año consecutivamente. Este último año, en la fuente policiaca de la Ciudad de México, al menos el 50% de los periodistas fueron despedidos. La mayoría sufrió un recorte de salario entre el 30 y el 40 %.
México se ha convertido en uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo, con 138 periodistas asesinados y 14 desaparecidos en el último año, y aun así los medios no respaldan a los productores de la información.
Al inicio del milenio, también se dieron instrucciones para que ninguna corporación le pasara información a la prensa, y fue así como los 11’s pasaron a las motos, según explica Julio.
Antes teníamos las dos frecuencias, la de Roja y la de la Secretaría, y ya con las motos llegábamos a veces antes que ellos. Después ya cambiaron las frecuencias y quién sabe qué le hicieron que ya no se pueden escuchar, y si te ven con un radio hasta te metes en problemas”, comenta Julio.
Sólo ellos (los policías) pueden tomar las fotos y por eso son tan feas. Son las que llamamos las ‘Especiales’, fotos que la filtra la corporación a nuestros medios. Cuando no, nos dejan (sin) hacer nada, y pues con eso los periódicos no publican nuestras fotos”.
Hoy en día llegan las caravanas de motociclistas a las escenas del crimen. No llegan de golpe, pero sí a cuenta gotas y, cuando menos se dan cuenta, hay fotógrafos por todos lados, moviéndose como gatos entre la gente para que no los descubran las autoridades y les impidan realizar su trabajo.
A pesar de que el gremio y la nota roja ha sido estigmatizado y despreciado, son el único balance de información para contrarrestar las cifras oficiales sobre la violencia y la muerte en el país. Son esas publicaciones las que desmienten los crímenes, las que en algunos casos dan justicia a los expedientes mal logrados. Son los únicos que se acercan a la violencia para mostrar que la muerte nunca se debe dejar de cubrir.
Yo, a mis 78 años, tengo que seguir aquí, porque poco a poco quieren terminar con la nota roja. Quieren quitarle a la gente el conocimiento de esas noticias. Este trabajo es lo que me gusta hacer”, concluyó Julio Vargas, mientras subía a una moto que arrancó a toda velocidad para llegar a la siguiente escena del crimen.