Reportajes especiales

Nostalgia e incertidumbre en celebración de año nuevo migrante

Las personas migrantes del albergue Tochan celebraron el año nuevo y la conmemoración de la independencia de Haití

Las personas migrantes del albergue Tochan celebraron el año nuevo y la conmemoración de la independencia de Haití. Once Noticias visitó el albergue, ubicado en la Alcaldía Álvaro Obregón, para conversar sobre el fin del año, las prácticas culturales que se entrecruzan entre las personas migrantes y para conocer el balance y los deseos para el 2022.

Una celebración llena de nostalgia

Son las vísperas de año nuevo. La Ciudad advierte ánimo, pese a que la pandemia continúa asolando a sus habitantes. La Ciudad es la misma que siempre y el caos vial no falta, aunque por extraño que parezca, fluye casi tanto como la esperanza que tienen las personas con el 2022. Se agarran de ella, la sostienen con fragilidad, para que no se caiga de las manos.

No obstante, para muchas personas migrantes el año nuevo no representa sino un día más de espera, de incertidumbre, a lo mejor con un halo de esperanza para que haya salud, trabajo o un policía despistado que no los vea al cruzar el muro que separa a México de Estados Unidos.

Para muchas personas que esperan en los albergues, puede ser también la posibilidad de un momento de alegría y de comunidad, al menos, para que en el 2022 se dibuje con fe en el porvenir.

En el albergue Tochan, ubicado en la alcaldía Álvaro Obregón, los personas migrantes que se encuentran ahí (en su mayoría haitianas y centroamericanas) esperaban la llegada del 2022.

“La navidad pasó inadvertida. Hubo cena especial y hubieron regalitos, pero pasó inadvertida. El año nuevo viene con nostalgia. El panorama es difícil y eso baja el ánimo y acrecienta otra situación emocional. El albergue toma precauciones para que estén tranquilos, que haya comida que los haga sentir cercanos a sus lugares de origen. Ha servido para conocernos más y fomentar el afecto, eso es uno de nuestros objetivos”, afirma Gabriela Hernández, directora del Albergue para Migrantes, Refugiados y Víctimas del Delito Casa Tochan.

Gabriela señala, mientras las personas suben y bajan para comunicarse con sus familias o para entrar a probar un poco de comida, que la situación en el tema migratorio es difícil. Al conversar sobre el balance general advierte que este año estuvo complicado.

Criticó que las decisiones tomadas por la administración actual, supeditada a la política migratoria estadounidense, fueron erradas y que las imágenes de violencia hacia las personas migrantes, en Tapachula, por parte de la Guardia Nacional y del Instituto Nacional de Migración fueron lamentables.

“Somos el tapón para que la gente no pase a Estados Unidos. Es muy lamentable que haya sucedido así, yo creo que pudo haber sido de otra forma. El balance es malo y muy preocupante para el próximo año. Es muy incierto. La gente seguirá llegando, no sólo salen por motivos económicos, hay otros. Huyen para salvaguardar su vida, no hay fronteras que los detengan. El flujo seguirá”, advierte la directora de Casa Tochan.

Subraya que la imposición del programa “Quédate en México” impulsado por Estados Unidos causará una fuerte crisis en el país, porque no está preparado para atender a las personas y que eso generan cordones de miseria en las ciudades fronterizas.

Quiso destapar Tapachula y resulta que las salidas que dio no son adecuadas y por eso llegan a la ciudad. Aquí no hay lugar para apoyar por largo tiempo a las personas, eso las orillará a estar en la calle, ese es el pronóstico que tenemos para el siguiente año”, dijo Gabriela.

Con los flujos que llegaron hace algunos meses, la directora señaló que eso provocó que los albergues capitalinos se vieran desbordados, porque aunque no fueron caravanas multitudinarias, como las registradas en años pasados, el flujo fue constante. Además, una gran diferencia entre ellas fue el choque, la represión y la antipatía, “eso es grave”, señaló.

“Tochan es un albergue de estancia larga. Ya tenemos 11 años trabajando y conocemos la situación, pero con la oleada de este año nos hemos visto presionados para acortar el paso. Ahorita tenemos más población haitiana aunque hay personas de Honduras, Guatemala, El Salvador, de Venezuela y una persona de Afganistán,” relata Gabriela a Once Noticias.

Para muchas de esas personas es el primer año lejos de su familia en un país ajeno, distante, triste. Para otras, ya han pasado antes el año fuera del lugar de origen, aunque nunca se logra sentir la emoción de la misma forma. Prevalece la nostalgia.

La directora, pese a la situación, advierte que tiene tres deseos para el 2022: que el gobierno actual tenga mejores decisiones para atender la situación migrante, que haya armonía con la población migrante y que haya un núcleo comunitario de organización, que no esté supeditada a un solo representante, sino que se genere comunidad.

Los preparativos para la independencia de Haití

El 1ro de enero de 1804, Haití -que en ese momento se conoce como Saint Domingue– se convirtió en la primera colonia libre de América Latina; fue la primera revolución anticolonialista de la región. En la plaza de Armas de Gonalves, el general Jean-Jacques Dessalines proclamó la independencia de la isla.

Unos meses después de aquel evento, el general (que antes había sido un esclavo y participó en las revueltas contra los colonos franceses, al servicio del generalísimo Toussaint L’Ouverture) se proclamó emperador.

La isla tuvo varios nombres: con la llegada de Cristóbal Colón, en 1492, fue nombrada ‘La isla Española’ o ‘La Hispaniola’. Los europeos lo cambiaron para satisfacer la economía del lenguaje. A veces le quitaron el artículo y otras, bastó nombrarla como ‘Española’, para asegurar que era posesión hispánica.

Posteriormente, con el Tratado de Ryswick (1696), los españoles cedieron la parte occidental de la isla a Francia luego de que fue asediada y colonizada por filibusteros, bucaneros y piratas franceses. Fue así que pasó a llamarse Saint-Domingue.

Con la proclamación independiente la isla recuperó su antiguo nombre, de origen arahuaco (lengua de los indígenas taínos que poblaron antiguamente la isla), y pasó a llamarse Haïti o Ayiti que significa ‘Tierra de montañas’.

Pero todo esto cobra sentido porque persiste en la memoria de los haitianos y haitianas que están fuera de la isla. La memoria se fortalece cuando uno está fuera del terruño, para ligarse a su origen, porque es ahí en donde cabe la posibilidad de reafirmar la identidad.

El origen y la cultura toman sentido en la distancia, porque cuando una persona está en condición de migración los lleva consigo, en su espíritu y cotidianidad.

Todo cobra sentido mientras Andy conversa con Once Noticias. En el ajetreo de la cocina del albergue los ingredientes aguardan inertes en la entrada, como si supieran que la espera lleva consigo la paciencia; y es que en la cocina, la paciencia debe imperar por sobre todo lo demás.

La conversación fluye en medio del festín de olores que provienen del pollo y el plátano frito. En esta ocasión les tocó a los haitianos y haitianas preparar la cena de fin de año.

Andy, de 26 años, está contento y cuenta también un poco sobre el proceso de la independencia. Cuando no conoce la palabra en español intenta explicarlo en portugués o lo menciona en francés, aunque la lengua haitiana es el creole (criollo), “esa es mi lengua”, advierte el joven haitiano. 

Él llegó de Brasil y emprendió el largo trayecto hasta México. A veces a pie, en autobús o en raite. Cruzó la selva del Darién, conocida también como el Tapón del Darién, y confiesa que fue difícil porque iban mujeres embarazadas, niños y niñas.

Andy se interrumpe y comparte una torta de plátano frito con un poco de ensalada de repollo y zanahoria con chile rebanado que prepararon para la cena: “¡Pruébala! ¡Pruébala! Hay diferencias en la comida. Nosotros comemos carne frito. Aquí se come nopal y tortillas y chile, allá no”, compartió al medio.

Llegó por Tapachula hasta Ciudad de México acompañado por su hermano. Tiene apenas 4 meses en la metrópoli. 

“Es diferente el año nuevo aquí, porque en mi país, porque todo mundo no dormir, para celebrar el nuevo año. Se bebe cerveza, tequila o whisky. Todo el país está de fiesta”, relata a Once Noticias.

Andy estuvo tres años en el país lusófono y luego un año en Chile, ahí aprendió español. Dijo que para recibir el año nuevo en Haití se cocina arroz con habichuelas o frijoles con pollo o banana. “Todo frito, también calabaza con banana o con pasta”, afirma.

Sin embargo, es la festividad del 1ro de enero lo que se espera ansiosamente por la Soup Jamou, “es una sopa de calabaza y lleva carne”, señala.

La importancia simbólica de esta sopa radica en que era preparada por los esclavos durante la ocupación francesa en la isla, sin embargo, tenían prohibido comerla. Con la independencia, Jean-Jacques Dessalines instruyó a su pueblo para que el 1ro de enero la comieran como un símbolo de libertad.

Andy cuenta a Once Noticias que su familia le dice que debe tener paciencia, para no desistir en su tránsito migratorio, aunque dice que tiene la esperanza de tener una mejor situación económica, para visitar a su familia en Haití.

No sabe qué le deparará el 2022, ni tampoco si llegará a la frontera de México y Estados Unidos, aunque afirma que su proyecto depende de Dios:

“La mayoría de los haitianos se van a Tijuana, aquí hay poquitos. Aquí en Tochan hay más haitianos. Mi proyecto depende de Dios, si Dios quiere. Feliz año nuevo a todo mundo, paz y amor y salud a todos. Feliz 2022”, concluye mientras voltea los pedazos de pollo que nadan sobre el aceite hirviendo.

El sueño es cruzar la frontera

En la comida se expresa el intercambio de la cultura. Gabriela, directora del albergue, señala que es un punto importante de unión porque cocinan platillos de sus lugares de origen. Es una forma de generar cercanía entre las personas migrantes.

Para José Adalí, de 23 años, originario de Comayagua en Honduras, no importa el platillo que le sirvan, a él le gusta comer. Escucha un poco de música. Espera ansioso la cena y relata que le gusta comer de todo.

Entre la charla sobresale que en su país, para recibir el año nuevo, un típico platillo ‘catracho’ son las baleadas y los tamales o nacatamales: un tamal de carne de cerdo preparado con achiote, envuelto por una hoja de plátano, parecido a los tamales oaxaqueños.

José, antes de estar en la Ciudad de México, estuvo en Guadalajara. Salió de Honduras con el objetivo de llegar a Estados Unidos.

Emprendió el viaje solo. Pasó por Tapachula y terminó en Guadalajara. Ya lleva algunos intentos por llegar al norte para cruzar hacia el país vecino, pero ha pasado por experiencias difíciles como cuando fue secuestrado por un cartel de cuyo nombre prefiere no recordar.

Es tímido, prefiere seguir escuchando la música, no confía en nadie, menos en un medio de comunicación. Sin embargo, comparte que en su casa se quedó su familia compuesta por su madre, su padre y su hermana.

“El viaje estuvo bien, con la voluntad de Dios. Lo hice caminando y a veces en bus. Cuando uno la pasa con la familia la pasa bien. Yo la paso donde sea, no sé, acá tranquilo. Cenaremos los que nos den, vamos a comer pollo frito y ensalada”, señala.

En Honduras, José era agricultor. Platica sobre las diferentes clases de café y atina a decir que cultivaba también maíz y frijoles.

Confiesa, sin ninguna duda, que su principal deseo para el 2022 es llegar a Estados Unidos, para encontrar un trabajo que le permita juntar un poco de dinero y poder volver a Honduras:

“Deseo, para el siguiente año, llegar al otro lado. Ese es mi deseo de año nuevo. Quiero hacer mis cosas para regresar a mi lugar, con la familia” concluye José.

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